Hoy es 30 de junio. Mañana empieza julio, el mes más fuerte del año en la Costa Brava. He hecho algo muy simple: abrir Google Maps y mirar la disponibilidad real desde el Alt Empordà hasta la Selva, para hoy y para mañana.
Lo que he visto no es una oferta amplia. Es una saturación que llama la atención.
Cientos de puntos rojos. Hoteles, hoteles rurales, casas rurales, HUTs y Airbnbs. Y lo más relevante no es solo la cantidad: es que todos tienen disponibilidad hoy mismo, a un día de entrar en el mes fuerte del año.
Y aquí viene lo importante: esto es solo lo que aparece como disponible. Los alojamientos que ya están completos ni siquiera salen en el mapa. Es decir, lo que ves en esas capturas es únicamente la oferta que todavía no ha vendido. Si ya solo contando lo que está libre da esa sensación de exceso… ¿cuántos alojamientos hay realmente compitiendo en esta zona?
No es solo la costa: el interior cuenta la misma historia
Y por si la primera zona del mapa no fuera suficiente, basta con desplazarse unos kilómetros más al norte, hacia la Garrotxa, Besalú y Banyoles, hasta la costa de Roses y Cadaqués. El patrón se repite exactamente igual: decenas y decenas de alojamientos con disponibilidad para hoy y mañana, muchos de ellos por debajo de los 70€ la noche, en plena Costa Brava, a las puertas de julio. Hoteles con nombre, casas rurales con marca, hostales de toda la vida — no hablamos solo de pisos sueltos en Airbnb. Hablamos de un mercado entero, de cualquier categoría y tamaño, presionado a la baja por una oferta que ya nadie está contando

Lo que dicen las cifras oficiales (y lo que no dicen)
No estoy diciendo que los datos oficiales de ocupación sean falsos. Las cifras que se publican suelen referirse sobre todo a hoteles y campings de mayor tamaño, que efectivamente suelen ir muy llenos en julio y agosto. El problema aparece cuando miras el segmento de alojamientos turísticos más fragmentado (HUTs, apartamentos y casas de nueva incorporación). Ahí la realidad que se ve en un mapa un 30 de junio es distinta: hay mucha más oferta de la que el mercado parece absorber a precios razonables.
¿Cuántos somos en realidad?
Llevo veinte años en esto. Veinte años de levantarme a las cuatro y media de la mañana, de pagar licencias, de cumplir normativa de accesibilidad, de declarar cada euro, de invertir en placas solares, en cámaras, en un baño para perros con plataforma elevadora, en contratar seguros que cubren cosas que la mayoría ni sabe que existen. Veinte años sosteniendo una empresa real, con CIF, con nómina, con responsabilidad civil, con Hacienda llamando a la puerta cada trimestre.
Y hoy abro un mapa y veo cientos de puntos rojos en quince kilómetros a la redonda. Todos con hueco libre. Mañana empieza julio.
Eso ya es duro de digerir. Pero lo que de verdad me ha noqueado es caer en la cuenta de que ese mapa no es la foto completa. Es solo la parte que no se ha vendido. Los que están llenos no aparecen. Así que esos cientos de puntos rojos no son la oferta de la zona — son el sobrante de una oferta que ya ni siquiera puedo imaginar cuán grande es.
Y aquí es donde la reflexión se pone incómoda de verdad, porque no apunta hacia fuera. Apunta hacia dentro.
Porque mientras yo decido seguir invirtiendo, seguir cumpliendo, seguir creyendo que hacer las cosas bien tiene premio a largo plazo, hay quien monta una habitación en Idealista o la sube a Airbnb un fin de semana, y compite codo con codo conmigo por el mismo cliente, con una estructura de costes y obligaciones muy distinta a la mía. No digo que esa competencia no deba existir. Lo que digo es que el sistema no exige lo mismo a todos, y eso distorsiona el mercado mientras los que cumplimos nos comemos cada subida de costes, cada nueva normativa, cada inspección, solos.
Y luego está la otra cara, la que más rabia me da: la del discurso oficial. La de quienes hablan de «récord de ocupación» cada verano, como si esto fuera una fiesta sin fin para todos. Cuando la realidad, la que yo veo en un mapa un 30 de junio, es un territorio tan inflado de oferta que ni siquiera se puede contar cuántos somos compitiendo por la misma cama vendida.
Así que la pregunta no es solo «¿cuántos hay?». La pregunta de verdad es: ¿cuánto tiempo más vamos a aguantar los que hacemos las cosas bien, sosteniendo con nuestro esfuerzo un sector que crece sin que nadie se moleste en mirar quién está detrás de cada punto rojo de ese mapa?
Porque al final, cuando el mercado se ajuste —y se va a ajustar, porque esto no es sostenible para nadie— no van a caer los que improvisaron una habitación un verano con menos cargas que las mías. Van a caer los que llevamos veinte años apostando fuerte por hacerlo bien.
Y eso, sinceramente, es lo que más miedo me da de todo este mapa.
El mismo punto en el mapa desde hace 20 años
En Mas Torrencito llevamos 20 años siendo el mismo punto fijo en el mapa. No aparecemos y desaparecemos según la temporada. Invertimos en sostenibilidad, en que los perros sean bienvenidos de verdad y en ofrecer algo estable, aunque el mercado esté lleno de opciones que entran y salen.
Si buscas un sitio donde sepas exactamente dónde vas a dormir tú y dónde va a estar tu perro, sin sorpresas ni ruleta de disponibilidad, aquí seguimos. Con las mismas normas de siempre y los mismos perros de siempre.
FAQs
El número de HUTs, Airbnbs y alojamientos turísticos ha crecido mucho más rápido que la demanda solvente real. Muchos de estos alojamientos operan bajo un marco fiscal y normativo distinto al de un hotel rural o casa rural tradicional, lo que les permite competir con precios muy bajos incluso en julio.
No, la mayoría son HUTs en regla con su licencia correspondiente. El problema no es la legalidad, sino la diferencia de exigencias: licencias de actividad, normativa de accesibilidad, fiscalidad como empresa y gestión de residuos no son las mismas para un piso turístico ocasional que para un negocio familiar que opera 365 días al año.
Las cifras que se publican suelen referirse a datos agregados o estimaciones, pero la disponibilidad real visible cualquier día de temporada alta muestra cientos de alojamientos con hueco libre. Y eso es solo la oferta que no se ha vendido todavía, porque los alojamientos completos no aparecen en el mapa.
Genera una presión de precios a la baja que no es sostenible para quienes asumen los costes reales de un negocio turístico legal: inversión continua, personal, seguros, mantenimiento y cumplimiento normativo completo. Competir contra alojamientos con estructura de costes mucho más ligera erosiona los márgenes del sector tradicional.
No existe una cifra pública y verificable accesible para el ciudadano de a pie que sume todos los alojamientos turísticos activos, ocupados y libres, en la zona. Lo que sí es visible es la magnitud de la oferta disponible cualquier día concreto, que por sí sola ya resulta significativa.
Si después de leer esto todavía te apetece arriesgarte con el punto rojo sin nombre ni cara del mapa, adelante. Pero si prefieres saber exactamente dónde duermes tú y dónde duerme tu perro, llevamos veinte años aquí, sin necesidad de «casi 100% de ocupación» de mentira. Reserva en mastorrencito.com.






