La historia que voy a contarte es una recreación. No ocurrió exactamente así, en este día y en este kilómetro. Pero podría haber ocurrido, porque escenas muy parecidas siguen repitiéndose en las carreteras españolas.
Yo paso por la Nacional II, a la altura de Orriols, casi cada semana, camino de Mas Torrencito. Es una carretera como tantas otras de Girona. Y una escena así puede aparecer cualquier día, en cualquier carretera, en cualquier provincia.
La escena
Una tarde gris. El cielo encapotado de nubes pesadas. Vas conduciendo y algo te llama la atención en el arcén: una caja de cartón, medio escondida entre los arbustos, demasiado quieta para ser solo basura. Y entonces se mueve. Una bolita diminuta salta fuera de golpe y empieza a avanzar torpemente hacia la carretera.
Frenas en seco. El chirrido de los neumáticos, las luces de emergencia, el corazón a mil. Te bajas del coche casi sin pensar.
Es un cachorro de apenas un mes. Temblando, desorientado, completamente solo en medio del asfalto. Lo coges con cuidado, notas cómo su cuerpo diminuto vibra de frío y miedo. Y entonces miras hacia la caja, con ese presentimiento que ojalá no tuvieras.
No hay uno. Hay ocho más. Nueve cachorros abandonados en plena carretera. Algunos ya no se mueven. Los demás, amontonados unos sobre otros, con los ojos aún cerrados, respiran con dificultad. Apenas tienen fuerzas. Apenas tienen opciones.
Aquello no fue un descuido.
Fue una decisión.
Una de esas que cuesta entender.

Lo que también es verdad
Y aquí está la otra parte real de esta historia, la que sí pasa constantemente en España: cuando algo así ocurre, casi siempre aparece alguien que se detiene. Un desconocido que baja del coche, mira la escena y dice «te ayudo» sin hacer preguntas. Centros veterinarios que dejan lo que están haciendo para atender una urgencia sin cita. Grupos de protectoras y voluntarios que se movilizan en minutos por WhatsApp. Familias que, en cuestión de días, abren su casa a un cachorro que nunca habían visto.
Esa parte también se repite cada día, en cada provincia. La crueldad de unos pocos convive con la generosidad de muchos más.
La reflexión
El abandono de animales en España sigue siendo una realidad diaria: perros dejados en cunetas, decisiones irresponsables que acaban en sufrimiento, indiferencia pura ante vidas que dependían por completo de alguien.
Y no es una sensación exagerada. Según el estudio Él nunca lo haría de la Fundación Affinity, en España se abandona un animal de compañía cada dos minutos. Solo en 2024, las protectoras españolas recogieron más de 292.000 perros y gatos, la cifra más alta de los últimos cinco años.

Fuente: Fundación Affinity, estudios «Él nunca lo haría».
En Mas Torrencito lo tenemos claro: convivir con un animal implica una responsabilidad que no es opcional ni caduca. Un perro no es un objeto que se tira cuando estorba; es una vida que depende de ti desde el primer día.
El mensaje
Si no puedes cuidar de tu perro, no lo abandones. Nunca. Existen protectoras, asociaciones, veterinarios y ayuntamientos dispuestos a ayudarte a encontrarle un nuevo hogar. Pedir ayuda es responsabilidad; abandonar es todo lo contrario.
Y si alguna vez te encuentras con una escena como esta —porque puede aparecer cualquier día, en cualquier carretera— para el coche. Cinco minutos tuyos pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte de un animal.
Preguntas frecuentes
¿Qué hago si me encuentro perros abandonados en la carretera? Detente únicamente si puedes hacerlo en un lugar seguro, señaliza el vehículo y ponte el chaleco reflectante antes de bajar. Llama al 112, o al 062 si quieres contactar directamente con la Guardia Civil. No invadas la calzada ni pongas tu vida en peligro; si puedes hacerlo con seguridad, evita que los animales lleguen al tráfico mientras llegan los servicios correspondientes.
¿El abandono de animales es delito en España? Sí. Abandonar a un animal vertebrado en condiciones que pongan en peligro su vida o integridad es delito (art. 340 ter del Código Penal). Puede castigarse con multa o trabajos en beneficio de la comunidad, además de inhabilitación para trabajar con animales o tenerlos. Si los hechos provocan lesiones graves o la muerte del animal, las consecuencias penales pueden ser mayores.
¿Qué pasa con los cachorros una vez rescatados? Reciben atención veterinaria urgente y, si superan los primeros días —los más críticos cuando son tan pequeños—, pasan a protectoras o grupos de acogida hasta encontrar un hogar responsable.
Si no puedo hacerme cargo de mi perro, ¿qué alternativas tengo al abandono? Contactar con una protectora, una asociación de adopción o el propio ayuntamiento; muchas ofrecen ayuda para encontrar un nuevo hogar sin coste, y siempre es preferible a dejar al animal a su suerte.
Esta historia es una recreación basada en casos reales y recurrentes de abandono en carreteras españolas. Los nombres y el desenlace concreto pueden variar, pero el patrón —la crueldad, y también la ayuda que suele aparecer— se repite cada día, en cualquier provincia.
Mas Torrencito — Parets d’Empordà, Girona. La primera casa rural para mascotas que acepta personas.






