No sabemos si estaban perdidos. Pero sabemos que estaban solos.
Hay días en Mas Torrencito en los que no hablamos de reservas, ni de desayunos, ni de qué perro se ha tirado primero a la piscina.
Hay días en los que solo piensas: ¿pero qué narices estamos haciendo como sociedad?
Ayer fue uno de esos días.
Por la mañana apareció un aviso en el grupo del pueblo: un golden viejito, de más de diez años. Buenísimo. Desorientado. De esos perros que no van explorando ni haciendo el tonto: van con esa mirada de no entender nada. Estaba por La Hijita.
Por la tarde, otro aviso en uno de los grupos animalistas de la zona. Otro perro, tipo teckel, purulento, perdido entre el pueblo y la carretera. Un animal que, por cómo estaba, no necesitaba solo que alguien le sacara una foto y la compartiera: necesitaba ayuda.
Y a las nueve de la noche nos llamaron unos clientes.
Habían salido a pasear y se encontraron un perrito solo. Llevaban desde la tarde intentando hacer las cosas bien: protectora, cerrada. Veterinarios, cerrados. Policía, sin poder resolverlo en ese momento.
Así que acabaron viniendo aquí con él.
Hoy volverán a intentarlo. Buscarán si tiene chip, si hay una familia desesperada buscándolo, si alguien lo reconoce. Ojalá aparezca una explicación. Una buena explicación.
Porque esto hay que decirlo muy claro: un perro encontrado solo no es automáticamente un perro abandonado. Puede haberse escapado. Puede haberse perdido. Puede haberse asustado con una tormenta, un petardo, un coche, una puerta mal cerrada o un despiste de cinco segundos.
Pero también hay una verdad incómoda: demasiados perros llegan a septiembre desubicados, temblando, enfermos, viejitos o caminando solos por carreteras donde no deberían estar jamás.

Y cada vez que pasa, la pregunta vuelve sola:
¿Para qué queríais un perro?
- ¿Para las fotos del verano?
- ¿Para tener compañía en la casa de vacaciones?
- ¿Para que los niños se entretuvieran durante agosto?
- ¿Para subir vídeos bonitos mientras era cachorro?
- ¿Para sentir durante un rato que erais una familia perfecta?
Porque un perro no es un accesorio de verano.
No es una sombrilla que guardas en septiembre.
No es una hamaca que desmontas cuando vuelve el colegio.
No es un juguete que deja de hacer gracia cuando ensucia, ladra, envejece, enferma o necesita más de lo que te apetece dar.
Un perro es una responsabilidad de todos los días. De los días preciosos y de los días de mierda. De cuando tiene energía y de cuando ya no puede subir escaleras. De cuando te recibe como si fueras lo mejor del mundo y de cuando toca limpiar vómitos a las tres de la mañana.
Es para toda su vida.
Y sí: a veces la vida se complica. Hay enfermedades, separaciones, problemas económicos, ingresos hospitalarios, muertes, circunstancias que nadie elige. No todo el que no puede seguir cuidando a un perro es mala persona.
Pero entre “no puedo” y “lo dejo tirado” hay un abismo lleno de opciones: pedir ayuda, buscar una familia de verdad, hablar con una protectora con tiempo, acudir al ayuntamiento, pedir consejo a un veterinario, activar a los amigos, a la familia, a las redes. Hacerte cargo de encontrar una salida digna.
Porque abandonar no es solo dejar a un perro atado a una farola.
- También es abrir una puerta lejos de casa y no mirar atrás.
- Es no poner chip.
- Es no actualizar el teléfono cuando cambias de número.
- Es no esterilizar y luego no saber qué hacer con una camada.
- Es dejar que un perro llegue a viejo, enfermo o incómodo… y decidir que ya no forma parte del plan.
Los números no cuentan el miedo, pero lo confirman
Según el estudio de Fundación Affinity, en 2023 las protectoras españolas recogieron más de 170.000 perros y cerca de 116.000 gatos. Más de 286.000 animales que entraron en centros de acogida en un solo año. Y detrás de cada cifra hay una correa vacía, una llamada que nadie hizo o una familia buscándolos sin saber dónde mirar. Estudio de abandono y adopción de Fundación Affinity
Hay otro dato que debería darnos vergüenza: el Ministerio de Derechos Sociales informó en 2025 de que el 70% de los perros que llegan a centros de recogida no lleva microchip. Sin identificación, encontrar a su familia se convierte en una lotería. Con chip, en cambio, el 31% de los perros recogidos pudo volver a su casa. Datos oficiales sobre identificación y recogida de animales

Y hay una realidad que explica perfectamente lo que vivieron nuestros clientes: no siempre hay una puerta abierta cuando aparece un animal solo. El estudio oficial recoge que uno de cada cuatro ayuntamientos declara no disponer de recursos para atender animales extraviados o abandonados en la vía pública.
Es decir: el perro aparece a las nueve de la noche, la protectora está cerrada, el veterinario también, y alguien de buena voluntad se queda con el problema, con la preocupación y con el animal en brazos.
Ese “alguien” no debería tener que improvisar solo.
Septiembre no es casualidad… pero tampoco sirve para simplificar
Nosotros lo vemos: acaba el verano, se vacían algunos apartamentos, se termina la rutina de vacaciones y empiezan a circular avisos de perros solos.
Pero hay que ser honestos también con esto. Los estudios no muestran un gran pico mensual específico de recogidas de perros en septiembre; la entrada de perros en protectoras se reparte durante todo el año. En gatos sí hay un aumento marcado en los meses centrales por las camadas y la reproducción.
Entonces, ¿por qué septiembre da esa sensación tan fuerte?
Quizá porque volvemos a estar todos más conectados al territorio: al pueblo, al camino, a la carretera, a los grupos de WhatsApp. Porque se acaba el ruido de las vacaciones y se oyen más las historias que antes quedaban tapadas. Porque hay perros que se desplazan con sus familias en verano, se escapan en lugares que no conocen y no llevan identificación. Porque las protectoras llegan agotadas tras meses de calor, camadas y urgencias.
O quizá porque hay cosas que las estadísticas no saben medir: la cara de un golden viejo buscando a alguien; un perro pequeño al borde de una carretera; el temblor de un animal que no sabe por qué está solo.
Un perro no debería tener que aprender a sobrevivir a nosotros
En Mas Torrencito llevamos muchos años viendo perros.
Perros felices. Perros que llegan tensos y, a las dos horas, se están revolcando en el jardín. Perros mayores que ya no corren, pero siguen olfateando el mundo con la misma curiosidad. Perros enormes que se creen cachorros. Perros rescatados que tardan un día, una semana o un mes en entender que una mano puede acariciar sin hacer daño.
Y todos, absolutamente todos, tienen algo en común: dependen de nosotros.
- Nosotros decidimos si tienen chip.
- Nosotros decidimos si van atados cerca de una carretera.
- Nosotros decidimos si reciben educación, veterinario, paciencia y tiempo.
- Nosotros decidimos si, cuando la vida se complica, seguimos buscándoles una solución.
Ellos no pueden llamar por teléfono. No pueden explicar de dónde vienen. No pueden decir que tienen miedo. No pueden contar que llevan horas, días o semanas buscando la voz que conocían.
Solo esperan.
Y eso es lo que más rompe: que un perro sigue esperando incluso cuando ya no debería esperar a nadie.
Si encuentras un perro solo, no mires hacia otro lado
No hace falta ser una protectora ni saberlo todo para ayudar. Pero sí hay que actuar con calma y cabeza.
Si el perro está en peligro inmediato —una carretera, una herida, un golpe de calor, una pelea— llama al 112 o a la Policía Local. Si puedes acercarte sin ponerte tú en riesgo ni asustarlo más, habla bajito, evita movimientos bruscos y no lo persigas como si fuera una película: puede salir corriendo hacia donde peor le convenga.
Después, hay un paso básico: comprobar si tiene microchip. Un veterinario, la Policía Local, Guardia Civil o un centro de acogida pueden leerlo. Así lo recuerda también el Registro de Identificación de Animales de Compañía. Qué hacer si encuentras una mascota
Si lo acoges unas horas, hazlo con prudencia: separado de tus animales al principio, con agua, un lugar tranquilo y sin obligarlo a interactuar. Un perro perdido puede estar aterrorizado aunque sea buenísimo.
Y, por favor, comparte la información útil: foto clara, zona exacta, hora aproximada, estado del perro y un teléfono de contacto. No conviertas su miedo en contenido; conviértelo en una posibilidad de volver a casa.
Preguntas frecuentes sobre perros perdidos o abandonados
No siempre se puede saber a simple vista. Un perro con collar puede estar perdido; uno sin collar puede haberse escapado o haber sido abandonado. Lo importante es tratarlo inicialmente como un animal extraviado: protegerlo, comprobar si tiene chip y avisar a las autoridades o servicios locales.
Prioriza la seguridad. No pongas tu vida ni la de otros conductores en peligro. Si puedes, señaliza la zona y llama al 112, Policía Local o Guardia Civil. Acércate únicamente si el perro está accesible y no muestra señales de agresividad por miedo.
Puedes ofrecerle una acogida temporal si no hay alternativa inmediata, pero con precaución. Dale agua, calma y un espacio separado de tus animales. Después hay que intentar localizar a su familia, comprobar chip y comunicar el hallazgo a quien corresponda.
Llama a Policía Local, Guardia Civil o al 112 si existe riesgo o no sabes cómo proceder. Los ayuntamientos tienen responsabilidad en la recogida y control de animales abandonados o perdidos, aunque la respuesta concreta puede variar según el municipio.
Sí. Además de ser una obligación, es la herramienta más eficaz para que un perro perdido pueda volver a casa. No basta con ponerlo: hay que mantener actualizados teléfono, dirección y datos del titular.
Comparte, pero comparte bien. No pongas ubicaciones imprecisas ni datos confusos. Si has visto al perro, indica zona, hora, dirección en la que iba y cualquier detalle que ayude a localizarlo sin asustarlo o ponerlo más en peligro.
Pedir ayuda no te hace mala persona. Abandonarlo, sí. Habla con familia, amistades, veterinario, educador canino, protectoras y asociaciones. Busca una adopción responsable y transparente. Tu obligación no termina porque tu vida haya cambiado: termina cuando has encontrado para él una salida segura.
Ojalá hoy aparezca su familia
Ojalá el golden viejito tenga una casa que lo esté buscando.
Ojalá el pequeño teckel reciba la atención que necesita.
Ojalá el perro que trajeron nuestros clientes tenga chip, un nombre y alguien al otro lado del teléfono diciendo: “por favor, gracias, llevamos horas buscándolo”.
Ojalá.
Pero mientras tanto, seguiremos parando. Abriendo una puerta. Poniendo un cuenco de agua. Haciendo llamadas. Intentando que ningún perro solo tenga que sobrevivir a la indiferencia de los humanos.
Porque esta es una casa rural para mascotas que acepta personas.
Y porque, cuando aparece un perro perdido, no hace falta preguntarse si nos toca ayudar.
Nos toca. Siempre. 🐾
¿Has encontrado alguna vez a un perro solo? ¿Pudo volver a casa? Cuéntanos tu historia. Puede que ayude a alguien a no mirar hacia otro lado.
ACTUALIZACIÓN: Charlie ya está en casa 🎉
Se había escapado. Sus dueños llevaban horas buscándolo desesperados. Y las redes —esta vez sí— obraron el milagro: se localizaron en pocas horas.
Pero antes de que esta historia tuviera final feliz, alguien tuvo que parar el coche en una carretera y no mirar hacia otro lado: gracias, Pilar, por recogerlo. Sin ese primer gesto, nada de lo demás habría pasado.
A veces el sistema falla —protectoras cerradas, veterinarios cerrados, ayuntamientos sin recursos— pero las personas, cuando quieren, no fallan.
Charlie, bienvenido a casa. 🐾
🐾
Mas Torrencito — Parets d’Empordà, Girona. La primera casa rural para mascotas que acepta personas.






