(los que no nos hemos ido, aunque nadie nos lo agradezca)
Si alguna vez has llegado a una casa rural donde nadie te ha recibido —solo una llave en una caja y un código por WhatsApp— ya sabes de qué hablo.
A veces me siento como uno de los últimos de Filipinas: resistiendo en una plaza que otros ya han abandonado, sin tener muy claro si el resto del mundo se ha enterado de que la guerra ha cambiado. Pero aquí seguimos.
Hablamos mucho de casas espectaculares. De spas, de piscinas infinitas, de alojamientos «pet-friendly» —algunos más de postureo que otra cosa—. Pero casi nunca hablamos de lo más importante: las personas.
El turismo rural no lo hacen las paredes. Lo hacen quienes viven dentro.
Yo llevo años viviendo dentro de las mías. Y en ese tiempo he visto cómo esto cambia de verdad.

El puente invisible entre ciudad y campo
Los propietarios de casas rurales somos algo difícil de definir. No somos solo anfitriones. Somos traductores entre dos mundos, conectores entre el ruido y el silencio, guías sin uniforme y oficinas de turismo con alma. Y muchas veces, psicólogos de fin de semana.
Vivimos en lo rural pero hablamos el idioma de la ciudad. Y eso nos convierte, sin darnos cuenta, en la persona que pone en el mapa a pequeños pueblos que nadie conocía.
[Imagen: Propietario de casa rural con perro, Parets d’Empordà]
Cuando abrí Mas Torrencito en 2005, Parets d’Empordà no salía en ningún mapa turístico. Hoy tiene reseñas, fotos, viajeros que lo recomiendan en cinco idiomas. No porque el pueblo cambiara. Porque alguien decidió quedarse cuando otros se iban.
Esa persona no salía en ningún plan de marketing territorial. Pero estaba haciendo el trabajo.
La foto bonita y lo que hay detrás
Desde fuera, tener una casa rural en el campo parece un sueño. Y en muchos momentos lo es. Pero detrás de cada foto con luz de tarde y mesa puesta en el jardín hay algo que no sale en Instagram: años de trabajo, madrugones, temporadas flojas, averías en el peor momento y una adaptación constante a un mundo que cambia más rápido de lo que muchos imaginan.
Las redes sociales, el SEO, las OTAs, las reseñas, el canal directo, los cambios de algoritmo, la factura electrónica, la normativa que se actualiza… Todo eso ha caído sobre unos hombros que en muchos casos ya cargaban con bastante.
Y hay algo que no se dice suficiente: no es lo mismo construir un proyecto con red de seguridad que sin ella. Quien tiene respaldo económico puede permitirse experimentar, equivocarse y esperar. Quien está solo aguanta con lo que tiene — y cuando aguanta, es porque cree en lo que hace. Es simplemente la realidad del sector, y conviene nombrarla.
Yo no tenía red de seguridad cuando empecé. Lo que tenía era la convicción de que un perro no era un «extra» que había que tolerar con condiciones, sino el motivo por el que alguien elegiría precisamente tu casa y no otra. Eso, y muchas horas a las 5 de la mañana.
Los que han caído por el camino
Muchos han cerrado. Muchos más de los que parece. Algunos por agotamiento, otros por no haber encontrado el enfoque, otros simplemente porque no había relevo generacional y la siguiente generación no quiso —o no pudo— continuar.
Y entonces ha pasado algo que vale la pena señalar: muchas de esas casas rurales con historia, con alma, con años de trabajo detrás, se han convertido en HUTs. Viviendas de uso turístico. Plataforma, precio, entrada y salida. Sin anfitrión. Sin historia. Sin nadie que te cuente qué ver, dónde comer, o por qué ese pueblo merece más de una noche.
No es una impresión mía. Cataluña ha pasado de 47.242 viviendas de uso turístico registradas en 2015 a 105.399 en 2025 — un crecimiento del 123%, según datos de Idescat y la Generalitat. Girona sola concentra ya 45.576, el 43,2% de todo el parque catalán.
Eso sí, conviene ser preciso: el ritmo se ha frenado. En 2025 hubo 382 HUT menos que en 2024, la primera caída de la serie. La ola ya ha pasado; lo que queda es ver cuánto de lo que se transformó vuelve a tener anfitrión, y cuánto se queda como un código y una caja.
Han dejado de tener quien te reciba para convertirse en un código y una caja.
No digo que esté mal como modelo. Digo que no es lo mismo. Y que algo se pierde cuando ocurre — nadie que te explique, por ejemplo, qué pueblos como Monells o Ullastret merecen una tarde entera con tu perro y por qué.
Los últimos de Filipinas del turismo rural. Los que no nos hemos ido.
La diferencia no se mantiene, se construye
Hoy la competencia en turismo rural es feroz. Cada vez hay más alojamientos que usan las mismas etiquetas —algunas más de nombre que de fondo, pero que venden igual—. Compiten con precio, con fotos bonitas, con instalaciones nuevas.
¿Cómo te diferencias cuando ya no eres el único?
La respuesta es no parar nunca de añadir una cosa más. Algunos ejemplos de lo que llevamos sumando en Mas Torrencito, por si te sirve de idea para tu propia casa:
- Una bañera para perros con secador, para que el animal salga limpio al irse — sin ensuciar habitación ni coche.
- Un mapa propio de playas caninas a menos de una hora, con la normativa de cada ayuntamiento explicada para que nadie se lleve una multa por desconocerla.
- Recomendaciones concretas de pueblo y restaurante según quién llega — no una lista genérica, sino la que le sirve a esa persona y a ese perro, ese día.
Ninguna de estas cosas es una gran inversión. Y a veces, ni siquiera sale a cuenta en el balance del año. Pero es la señal de que aquí hay alguien pensando, no solo gestionando.
¿Mañana lo copiarán? Seguramente. Pero mañana habremos hecho otra cosa más.
Así es como funciona esto. No hay ventaja permanente. Hay movimiento continuo.
Para terminar
Quizá el verdadero lujo no es la casa. Ni el jacuzzi, ni la piscina, ni siquiera que tu perro sea feliz —que también—.
¿Cuántas veces un anfitrión de turismo rural te ha dicho dónde comer, qué visitar, qué hacer… y te has llevado una sorpresa que ni de coña habrías encontrado tú solo? Eso no lo da una plataforma. Eso lo da alguien que se quedó.
Si alguna vez te ha pasado, ya sabes por qué esto importa. Compártelo.
Y si eres de los que aún resiste con su casa rural cuando medio sector ya ha izado la bandera blanca: bienvenido al club. Los últimos de Filipinas no salimos en ningún ranking. Pero seguimos aquí.
Este artículo está escrito desde la experiencia de Mas Torrencito, una casa rural pet-friendly en el Empordà con más de 20 años dedicados a hacer que los perros no pasen… sino que se queden.
FAQs
Sí, pero el futuro pertenece a los proyectos especializados y auténticos, no a los generalistas. Los viajeros son cada vez más exigentes y saben distinguir entre una experiencia real y un alojamiento de catálogo.
El relevo generacional, el agotamiento y la presión económica han llevado a muchos propietarios a transformar sus casas rurales en viviendas de uso turístico. Es un modelo más sencillo de gestionar, pero pierde lo esencial: la persona que hace de puente entre el viajero y el territorio.
Sí, pero requiere especialización clara, persistencia y contenido auténtico. La comunidad que se construye mostrando la realidad del día a día tiene más valor a largo plazo que cualquier campaña de pago.
Si viajas con tu perro y quieres saber qué playas tienes cerca del Empordà donde tu perro pueda correr libre, aquí tienes la guía completa.
Mas Torrencito — Parets d’Empordà, Girona. La primera casa rural para mascotas que acepta personas.






