Con la llegada de septiembre empiezan a aparecer los extranjeros de paso. Unos que van, otros que vuelven. Los de una sola noche. Los que hacen una paradita y siguen. Llegan con el perro y no lo sueltan ni por error. Los ves agarrando la correa como si del otro lado hubiera una bestia. Tensos ellos. Tensos el perro. Y te preguntas para qué han parado aquí, si ninguno de los dos lo está pasando bien.
La pareja belga y el golden retriever más grande que he visto nunca
Hace unos días una pareja belga. Traían un golden retriever enorme. El más grande que he visto nunca. El perro sale del coche y casi tira al suelo a la dueña. No lo sueltan. Ni aunque en ese momento no hay ni un solo perro más, ni forma de que se escape. Les digo que tranquilos, que lo suelten, que aquí puede correr. Me miran como diciendo: si pasa algo, será culpa tuya.
Seguimos hacia la casa y otra vez: la mujer casi se cae. El perro ha visto la piscina y está loco por correr. Vuelvo a decírselo. Lo sueltan.

Y el perro se transforma
Sale disparado al césped, se revuelca, corre como un loco, va directo al agua, se mete, sale, vuelve a meterse y se sacude justo delante de nosotros. Aunque hay siete hectáreas de jardín, claro. Les doy una de esas toallas que secan en dos segundos. El perro, feliz. Ellos, de pronto, también.
Al rato, desde la cocina —sí, planchando—, los veo abajo. Una botella de vino. El perro tumbado a su lado, suelto, tranquilo. Esa luz ya un poco más tibia de septiembre cayendo sobre el jardín. Bajo y les pregunto qué tal.
Me dicen: PARADISE.
Aunque solo se queden una noche
En Mas Torrencito pasa eso. Aunque solo se queden una noche. La gente llega tensa y se va sonriendo. A veces solo hace falta soltar la correa para que todo cambie, algo que contamos también en 3 perfiles que no encajan en Mas Torrencito: aquí los perros no se «aceptan», forman parte de todo.
Muchos llegan con miedo. Perros que nunca han corrido libres. Humanos que cargan esa ansiedad como si formara parte del equipaje. Y cuando por fin lo sueltan, pasa la magia: el perro corre, se moja, vive. Y ellos, al principio en shock, acaban riendo, bajando al jardín con una copa y mirándolo como si no supieran que tenían un perro así de feliz. Es la misma sorpresa que vemos en quienes nos preguntan por las playas para perros en Girona antes de descubrir que aquí, dentro de casa, ya tienen todo eso.
Eso es este sitio. No es solo un lugar. Es una invitación a confiar. A soltar. A entender que vivir con un perro no va de controlarlo todo, sino de compartir momentos que de verdad valgan la pena. Aunque duren una sola noche.
Y si se sacude delante tuyo y te moja entero… también eso forma parte del paraíso. Incluso ahora, con septiembre ya encima y el verano despidiéndose.
Desde Mas Torrencito te deseamos un buen día. Y que tus perros te acompañen.
Preguntas frecuentes
Sí. Tenemos siete hectáreas de jardín vallado y una zona de piscina donde los perros pueden correr sueltos con seguridad, siempre que su comportamiento con otros huéspedes y perros lo permita. Es precisamente lo que diferencia una casa rural pet friendly real de una que solo lo dice de cara a la reserva.
Sí, sin ningún problema. Muchos huéspedes que están de paso —sobre todo en septiembre, camino de vuelta de vacaciones— se quedan solo una noche, y el trato con ellos y sus perros es exactamente el mismo que con quien se queda una semana.
Empieza en un espacio controlado y sin otros perros alrededor, como hicimos con el golden retriever de la pareja belga. Nuestro jardín permite justamente eso: soltarlo de forma progresiva y segura, sin salidas ni riesgo de que se escape.
En Mas Torrencito los perros pueden bañarse en el jardín y zona de piscina junto a sus dueños; no es una piscina separada «para perros», es parte de la experiencia de la casa.
Que forma parte del paraíso, como decimos en el post. Tenemos toallas de secado rápido a disposición de los huéspedes precisamente para estos momentos.
Mas Torrencito — Parets d’Empordà, Girona. La primera casa rural para mascotas que acepta personas.






