Kira es una pastora belga que viene a Mas Torrencito dos o tres veces al año. Va en el coche tan tranquila. Dormida. Espatarrada. Casi roncando. Sin preocuparse del tráfico, del precio de la gasolina ni de si sus humanos se han vuelto a equivocar de salida.
Hasta que llegan a Bàscara.
Cogen la curva que los acerca a Mas Torrencito y…
Kira se pone a aullar. 🐺
Como si alguien hubiera anunciado por megafonía: «¡ATENCIÓN, PASAJEROS! ¡EN TRES KILÓMETROS EMPIEZAN LAS VACACIONES!» 😂
Y no es la única. Nos lo cuentan muchos clientes y amigos de la casa, y yo me quedo flipado cada vez. ¿Cómo narices lo sabe? ¿Ha leído el cartel? ¿Lleva el Google Maps en el collar? ¿Tienen un grupo de WhatsApp canino y no me he enterado?
Vamos a ver… yo a veces entro en la cocina y no recuerdo a qué había ido. Y esta señora con pelo reconoce el tramo final de sus vacaciones. Pues habrá que hablar de ello.

Lluna, Quinto y Kira: los expertos en la curva de Bàscara
Casos tenemos muchos, pero hay tres que son de manual.
Lluna y Quinto vienen mucho, así que ya se saben el recorrido de memoria. Hasta ahí, normal. Lo curioso es que van en coche a la playa, de paseo y a mil sitios más, y no reaccionan igual.
Pero cogen la curva de Bàscara y… modo alerta al 100 %.
¿Cómo saben que esta vez no toca playa? Ni idea. Pero lo saben.
Y luego está Kira, que no viene cada mes ni vive aquí al lado. Le da igual. Toma la curva y aúlla. No ladra, no lloriquea: aúlla, como si avisara a toda la comarca de que ha vuelto.
Tres perros, tres historias distintas, y el mismo punto del mapa. Eso hace pensar que en ese tramo hay algo que ellos detectan y nosotros pasamos por alto.
¿Cómo detecta un perro que está llegando? Las pistas que puede usar
Nosotros nos orientamos con señales, mapas y esa voz del navegador que dice «recalculando» con una paciencia que ya quisiera yo. Un perro tiene otras herramientas, y la ciencia empieza a demostrar que son mucho más finas de lo que creíamos.
Un ejemplo: un equipo checo puso collares GPS y cámaras a 27 perros de caza de diez razas y analizó más de 600 regresos hacia sus dueños en el bosque. Algunos volvían siguiendo su propio rastro de olor; otros se inventaban una ruta nueva, y muchos de estos empezaban con una pequeña carrera de unos 20 metros alineados con el eje norte-sur magnético, como si calibraran una brújula interna (Benediktová et al., eLife, 2020).
No quiere decir que Kira aúlle por el campo magnético de Bàscara. Pero sí que los perros construyen algo parecido a un mapa mental y lo combinan con varios sentidos a la vez. En el coche, las pistas podrían ser estas:
- El movimiento. La curva, la frenada, el cambio de vibración al dejar la carretera principal.
- Los sonidos. El motor cambia de ritmo y la rodadura suena distinta según el asfalto.
- Lo que ven. Si van mirando por la ventana, algún elemento del paisaje del Empordà.
- Los olores. El aire que entra en el coche trae campo, cultivos, animales… información de la zona.
- Y nosotros. Una frase, un cambio de tono o ese «¡ya casi estamos!» que soltamos sin darnos cuenta.
Lo más probable es que no sea una sola pista, sino varias juntas formando una señal muy familiar: «Esto ya lo he vivido… y después venía algo que me gustaba».
«Pero Miguel… ¡si iba dormido!»
Ya. Ese es el detalle que más me llama la atención. No hablamos de un perro que lleva media hora pegado a la ventanilla, sino de uno que parece estar soñando con un entrecot.
Mi apuesta es esta: la curva es el despertador y lo que viene después es la confirmación. El giro o la frenada lo despiertan y, ya despierto, reconoce el resto del tramo final. Es una hipótesis razonable, no algo que hayamos medido. No tenemos un laboratorio en Bàscara… aunque como sigáis contando casos, cualquier día me planto allí con una libreta: «Buenos días, ¿su perro ha levantado las orejas antes o después de la curva?» 😂

¿Puede recordar un sitio donde ha estado pocas veces?
Con Lluna y Quinto no hay misterio: vienen mucho y se lo saben. Lo de Kira, que viene dos o tres veces al año, tiene más mérito.
Aquí la ciencia echa una mano. En 2016, investigadoras de la Universidad Eötvös Loránd de Budapest comprobaron que los perros recuerdan acciones de sus dueños que vieron una sola vez, sin saber que luego se les iba a preguntar, y las seguían recordando una hora después. Lo llamaron memoria «de tipo episódico»: recordar algo que pasó, no solo un truco aprendido (Fugazza et al., Current Biology, 2016).
Y ahora pensad en lo que Kira se encuentra al llegar: jardín, olores nuevos, otros perros, paseos por el campo, y unos humanos que por fin no tienen prisa. Para vosotros es una escapada; para ella, un montón de experiencias que merece la pena recordar. Si alguna pista del camino quedó pegada a todo eso, es lógico que la reconozca la siguiente vez.
No necesita recordar el número de la habitación para recordar que allí pasaron cosas buenas. Total, tampoco va a ponerse a reclamar: «Perdone, Miguel, yo había reservado terraza.» 🐶
Y lo de distinguir la playa de Mas Torrencito tiene su lógica: si cada destino tiene su propia combinación de curvas, sonidos y olores, cada uno acaba siendo una «firma» distinta. Lluna y Quinto no se alteran por ir en coche; se alteran por ese coche camino de ese sitio.
Orejas arriba, aullidos y ladridos: ¿es alegría?
Lo que nos contáis encaja con la anticipación: algo bueno está a punto de pasar. Los ladridos o los aullidos, por sí solos, no dicen si el perro siente alegría, impaciencia o nervios. La pista buena está en la llegada:
- ¿Quiere bajar a explorar y se mueve suelto y cómodo? Eso es ilusión.
- ¿Está tenso, intenta alejarse o tarda en tranquilizarse? Ahí puede haber algo más, y conviene mirarlo con calma (de eso hablamos en Mi perro tiene miedo… pero nunca le ha pasado nada).
Y no olvidemos la pista que llevamos sentada delante: nosotros. Ellos leen nuestro estado de ánimo mejor de lo que creemos (¿Tu perro sabe cuándo estás mal?), así que nuestra propia ilusión al acercarnos también se contagia.
Lo de Lluna, Quinto y Kira lo tengo claro: se bajan del coche como quien llega a su casa de verano. Hay perros a los que la emoción les sale por la boca y otros que llegan en silencio, pero en cuanto se abre la puerta tienen cara de: «Aparta, humano. Ya me sé el procedimiento». Y también están los que llegan tensos y se van relajados; esa historia la contamos en Llegaron tensos. Se fueron diciendo paradise.
Preguntas frecuentes sobre el «GPS perruno» 🐾
Probablemente combina varias pistas a la vez: curvas y frenadas, sonidos del coche, lo que ve por la ventana, los olores que entran y nuestro propio comportamiento. Los perros asocian esas señales con lo que vivieron después, y por eso reaccionan antes de llegar.
No podemos asegurarlo. Su olfato es extraordinario, pero depende del viento y del aire que entre en el coche. Lo más probable es que reconozca olores de la zona, no el de la casa en concreto.
Cada trayecto tiene su propia combinación de curvas, sonidos, olores y hasta de cómo nos comportamos nosotros. Para el perro es como una firma: no se emociona por ir en coche, sino por reconocer ese camino.
Sí, es posible. Los estudios muestran que los perros recuerdan sucesos concretos aunque los hayan vivido una sola vez. Si la experiencia fue buena (jardín, paseos, otros perros), es más fácil que quede asociada al camino.
No necesariamente. Hay que fijarse en la postura y en lo que hace al bajar del coche. Si explora suelto y cómodo, es ilusión; si está tenso o quiere alejarse, puede ser nervios.
Totalmente. Cada perro expresa la emoción a su manera, y algunos simplemente siguen durmiendo. No hay que aprobar un examen de orientación para disfrutar de las vacaciones.
Prueba a llegar por otra ruta, sin decir nada, y que un acompañante anote cuándo cambia su comportamiento. Si reacciona en otro punto, el recorrido influye. Eso sí: que tome notas el copiloto, que el conductor ya tiene bastante.
Sí. Aquí los perros no se «aceptan»: forman parte de todo, jardín y piscina incluidos. Tienes toda la información en Viajar con perros.
Ahora os toca: ¿dónde empieza el concierto? 📣
Los que venís a Mas Torrencito, contádmelo en los comentarios:
- ¿Vuestro perro empieza en la curva de Bàscara, al dejar la carretera o en el camino de entrada?
- ¿Cuántas veces había venido la primera vez que lo hizo?
- ¿Qué hace: levanta las orejas, lloriquea, ladra, aúlla como Kira o se pone a bailar dentro de lo que le deja el cinturón?
Si os pasa al llegar a la playa, a casa de los abuelos o a otro sitio que le encanta, también quiero leerlo. Y si lo que os pasa es lo contrario, que no hay manera de meterlo en el coche para volver, os entiendo: ¿Tu perro te quiere por amor o por conveniencia? Tres perros que se negaban a volver a casa.
Las mejores historias acabarán en el diario de Moments MasTorrencito.
Porque vosotros todavía tenéis tres kilómetros por delante. Pero Lluna, Quinto y Kira ya han anunciado que han llegado.
Y yo sigo sin saber a qué había entrado en la cocina. 😂❤️🐶
Fuentes
- Benediktová, K. et al. (2020). Magnetic alignment enhances homing efficiency of hunting dogs. eLife, 9: e55080. Leer el estudio
- Fugazza, C., Pogány, Á. y Miklósi, Á. (2016). Recall of others’ actions after incidental encoding reveals episodic-like memory
Mas Torrencito — Parets d’Empordà, Girona. La primera casa rural para mascotas que acepta personas.






