Hay cartas que llegan por correo electrónico.
Hay mensajes que aparecen por WhatsApp después de una estancia.
Hay reseñas que se publican en Google o en Booking y que nos alegran el día, porque detrás de cada estrella hay una persona, un perro y una historia vivida en esta casa.
Pero esta carta fue diferente.
Llegó por correo normal. Dentro de un sobre. Escrita a mano, con bolígrafo, sobre una hoja de papel.
La había escrito una clienta que estuvo en Mas Torrencito durante seis días del mes de mayo, acompañada de Lola, su pequeña Yorkshire.
No vamos a publicar su nombre. No es necesario.
Porque esta historia podría pertenecer a muchas personas que conviven con una enfermedad, con tratamientos interminables, con el miedo, con el agotamiento y con esa sensación de que la vida ha quedado suspendida entre hospitales, pruebas médicas y resultados.
Pero Lola sí tiene nombre.
Y quizá sea ella una de las grandes protagonistas de esta carta.
Esta es la carta que recibimos. Hemos corregido únicamente algunos pequeños errores para facilitar su lectura, pero no hemos cambiado sus palabras, su intención ni todo aquello que quiso transmitirnos.

«Apreciado Miguel…»
Antes de nada, quería agradecerte tu hospitalidad, tu cariño hacia Lola, mi Yorkshire, y lo bien que nos habéis tratado y acogido en vuestra fantástica casa.
La verdad es que han sido unos días maravillosos.
Han sido de esos días en los que me he olvidado de tantos y tantos problemas.
Me he olvidado del hospital.
De las sesiones de quimioterapia.
De mis idas y venidas al baño para vomitar después del tratamiento.
Han sido seis días de paz y tranquilidad.
Seis días viendo a mi Lola feliz, correteando y jugando sin parar con los demás perros de la casa.
He visto cómo la acogían y la hacían parte de su manada.
Cómo jugaba con Mastitwo, pasando por debajo de las sillas de la terraza.
Han sido unos días de desconexión total y absoluta de la realidad que he vivido durante estos dos últimos años.
Todo lo que tengo para ti, mi querido Miguel, y para todo el equipo de Mas Torrencito son palabras de agradecimiento.
Posiblemente, estas serán las últimas palabras que os escriba, porque ya me han dicho que el tratamiento no ha funcionado y que estoy en la cuenta atrás.
Es una pena que esté tan débil.
Porque, de verdad, si tuviera un poco más de fuerza, pediría que me llevaran allí, a esa terracita donde las tardes pasan en calma, viendo a mi Lola corretear y ser feliz.
Una carta que nos dejó sin palabras
No resulta sencillo explicar lo que sentimos al leerla.
Estamos acostumbrados a recibir agradecimientos.
Personas que nos cuentan que han descansado, que sus perros lo han pasado bien, que han disfrutado del desayuno, del jardín, de la piscina o de las tardes en la terraza.
Y siempre nos emociona.
Porque sabemos que cada persona que llega hasta aquí ha elegido Mas Torrencito entre cientos de lugares posibles. Ha cogido el coche, ha preparado una maleta, ha organizado la cama y la comida de su perro y ha confiado en nosotros durante unos días.
Pero esta carta nos hizo comprender algo que, en ocasiones, el trabajo diario no nos permite ver.
Mientras nosotros colocábamos unas sillas, preparábamos un desayuno, limpiábamos una habitación o recibíamos a una nueva familia, una persona estaba consiguiendo olvidarse durante unas horas de sus sesiones de quimioterapia.
Mientras Mastitwo perseguía a una Yorkshire por debajo de las mesas de la terraza, alguien estaba recuperando una pequeña parte de la vida que la enfermedad llevaba dos años arrebatándole.
Mientras Lola corría, jugaba y entraba a formar parte de una manada, su humana podía sentarse y contemplarla sin pensar, por unos instantes, en hospitales, pruebas o tratamientos.
Solo ella.
Solo Lola.
Solo aquella terraza.
Solo el sonido de los perros jugando y una tarde avanzando lentamente.
Quizá nunca sepamos lo importante que puede ser un lugar
Cuando abrimos Mas Torrencito, queríamos crear una casa en la que los perros pudieran ser perros.
Una casa donde no fueran tolerados, sino recibidos.
Donde pudieran correr, investigar, bañarse, ensuciarse, jugar y dormir agotados después de un día lleno de aventuras.
Durante todos estos años hemos contado muchas veces que Mas Torrencito es «la primera casa rural para mascotas que acepta personas».
Lo decimos con humor, pero también con convencimiento.
Porque aquí los perros forman parte de la experiencia.
Sin embargo, esta carta nos recuerda que hacer feliz a un perro puede ser también una de las maneras más profundas de cuidar a una persona.
Ver feliz a Lola ayudó a su humana a sentirse feliz.
Verla jugar le permitió descansar.
Verla convertida en una más de la manada le permitió olvidarse, aunque solo fuera durante seis días, de una enfermedad que ocupaba casi todos los espacios de su vida.
Nosotros no curamos enfermedades.
No hacemos milagros.
No podemos cambiar un diagnóstico ni detener el tiempo.
Tan solo abrimos la puerta de una casa.
Preparamos habitaciones.
Servimos desayunos.
Cuidamos un jardín.
Intentamos que cada perro encuentre su lugar y que cada persona pueda respirar un poco más tranquila.
Pero, algunas veces, quizá eso sea mucho más importante de lo que creemos.
Seis días pueden parecer poco
Seis días son menos de una semana.
En un calendario apenas ocupan un pequeño espacio.
Pero seis días pueden significar muchas cosas.
Pueden ser seis mañanas sin despertarse pensando inmediatamente en el hospital.
Seis desayunos compartidos con Lola.
Seis tardes viendo cómo una Yorkshire corretea por una terraza intentando alcanzar a Mastitwo.
Seis noches escuchando una respiración tranquila al otro lado de la cama.
Seis días en los que una persona vuelve a sentirse viajera, huésped, compañera de su perra y dueña de su propio tiempo.
No paciente.
No enferma.
No un número dentro de un historial médico.
Simplemente una mujer disfrutando de unos días de descanso con Lola.
Y eso es lo que más nos ha impresionado de esta carta.
No dice que aquí desapareciera la enfermedad.
Dice que, durante seis días, consiguió olvidarse de ella.
Y puede que no exista un agradecimiento más grande.
A Lola
No sabemos qué entiende un perro sobre la enfermedad.
No sabemos si Lola comprende por qué su humana está más cansada, por qué algunos días necesita descansar más o por qué durante estos últimos años ha habido tantas visitas al hospital.
Pero seguramente sí sabe algo.
Sabe que debe permanecer cerca.
Sabe cuándo apoyar su pequeño cuerpo junto al suyo.
Sabe cuándo mirarla.
Sabe cuándo hacerla sonreír.
Y durante aquellos seis días, Lola también supo correr.
Jugó con otros perros.
Persiguió a Mastitwo.
Se escondió debajo de las sillas.
Descubrió olores, rincones y compañeros nuevos.
Fue feliz.
Quizá ella no supiera que, mientras jugaba, estaba regalándole a su humana algo inmenso: la posibilidad de contemplarla y olvidarse por un momento de todo lo demás.
Gracias por escribirnos
Gracias por tomarte el tiempo y el esfuerzo de escribir esta carta.
Gracias por hacerlo a mano.
Gracias por meterla en un sobre y enviárnosla.
Gracias por confiar en nosotros y por contarnos algo tan íntimo.
Nos gustaría poder responderte que aquella terraza sigue aquí.
Que las tardes continúan pasando despacio.
Que las sillas bajo las que corrían Lola y Mastitwo siguen en su sitio.
Que el jardín conserva los olores que ella descubrió.
Que la casa recuerda a quienes han vivido en ella momentos importantes, aunque solo hayan permanecido unos días.
Y nos gustaría decirte algo más:
Fuiste tú quien nos dio las gracias, pero somos nosotros quienes tenemos que agradecerte que nos hayas recordado el verdadero sentido de este lugar.
Mas Torrencito no son solamente unas habitaciones, un jardín, una piscina o una casa antigua.
Mas Torrencito son los momentos que ocurren dentro.
Son los perros que llegan y forman una manada durante unos días.
Son las personas que se sientan en la terraza.
Son las conversaciones.
Los silencios.
Las risas.
Las despedidas.
Y también esas pequeñas treguas que la vida concede cuando parece que todo se ha vuelto demasiado difícil.
Querida amiga:
Pasaron las semanas y quisimos saber cómo estabas. Te llamamos. El teléfono sonó y sonó, y nadie contestó.
Te escribimos por WhatsApp. Un mensaje sencillo, solo para saber de ti y de Lola.
Nunca llegó el segundo check azul.
Ese pequeño detalle, tan insignificante en cualquier otra circunstancia, se convirtió en la respuesta que no queríamos recibir.
Pero, pase lo que pase, queremos que sepas que aquella Yorkshire pequeña, alegre y juguetona ya forma parte de la historia de esta casa.
Y tú también.
Gracias por esos seis días.
Gracias por Lola.
Y gracias por permitirnos descubrir que, a veces, abrir las puertas de una casa puede ayudar a alguien a cerrar durante unas horas las puertas del miedo.
Con todo nuestro cariño,
Miguel y todo el equipo de Mas Torrencito.
Mas Torrencito, donde los perros no solamente se alojan: se quedan para siempre en la memoria de la casa.
SaluDOGS… y que tu perro te acompañe.
Mas Torrencito — Parets d’Empordà, Girona. La primera casa rural para mascotas que acepta personas.






