MasTorrencito, Dios y el Algoritmo de la Vida
Hoy es el día en que recordamos a los que ya no están. En esta casa, muchos de ellos tenían cuatro patas. Por eso vuelvo a aquella noche de junio en que Manuela regresó a la terraza.
Le pregunté a varias IAs si Dios existe. Me dieron respuestas impecables. Bien escritas, equilibradas, inteligentes. Y completamente vacías.
Probé con varias. Cada una con su estilo, sus matices, su forma de esquivar el vacío con elegancia. Ninguna dijo nada que no supiera ya.
Las herramientas más avanzadas del mundo. Incapaces de responder algo que una perra mestiza me resolvió en diez segundos una noche en esta terraza.
Pero no me adelanto.
¿Y si todo fuera un algoritmo?
Hay noches en que el pensamiento se enreda solo. Te quedas mirando al techo y empiezas a tirar de un hilo que no tiene final. ¿Y si todo esto fuera un algoritmo? ¿Y si cada decisión activara una cadena de eventos ya escritos en algún sitio?
A veces todo encaja con una precisión casi sospechosa. Y otras veces, todo se rompe sin motivo. Como si alguien hubiera metido un bug en mitad de tu vida.
Y cuando miras alrededor, el bug parece enorme.
Ves injusticias que no tienen lógica. En junio, el Supremo condenó la trama de las mascarillas, contratos cobrados mientras la gente se moría. Al comisionista le cayeron cuatro años y medio que no pisará. Y mientras tanto, gente buena que se hunde sin haber hecho nada para merecerlo.
Si hay un sistema detrás, no parece especialmente bien afinado.
La noche en que volvió Manuela
Esa noche salí a la terraza de MasTorrencito con esa pregunta en la cabeza. El Empordà oscuro, el mar al fondo, el aire caliente de verano.
—Si hay algo ahí arriba, ¿cómo permite que funcione así?
No hubo respuesta.
Pero entonces la escuché. El sonido de unas patas sobre la madera.
Giré la cabeza.
Manuela.
Dieciséis años fue la jefa de esta casa. La que acompañaba a todos los clientes al río. Hace tiempo que se fue. Y aun así, allí estaba.
Se sentó frente a mí con esa calma que siempre tenía. Sin prisa. Sin necesidad de explicar nada.
—No entiendo el algoritmo —le dije—. Gente buena que sufre. Gente que hace negocio con una pandemia y sale a la calle. Si hay un equilibrio en todo esto, no lo veo. No lo veo en ninguna parte.
Manuela me miró un momento largo. Luego apoyó la cabeza en mi pierna.
Nos quedamos así un rato, los dos en silencio.
—Solo ves el primer efecto de las cosas —pareció decirme, levantando la cabeza—. Crees que todo termina donde tú alcanzas a mirar.
Me quedé callado.
—¿Y entonces qué hago? ¿Mirar y ya está?
Se apartó y caminó hasta el borde de la terraza. Miró hacia el jardín.
Los perros dormían tranquilos. Alguien reía dentro de la casa. La noche seguía su curso, indiferente a todo lo demás.
—Mira lo que sí has hecho.
Y entonces lo vi.
Un sitio donde la gente no tiene que elegir entre viajar o dejar a su perro. Donde nadie pone mala cara. Donde los perros son parte de la familia y todo es más simple de lo que ahí fuera parece.
No cambia el mundo entero. Pero cambia algo.
—¿Y eso basta?
Manuela volvió a mirarme.
—¿Y qué es el mundo sino muchos «algos»?
Dentro, alguien levantó una copa. Un perro se estiró medio dormido. Otro levantó la cabeza y volvió a caer rendido sobre la hierba.
Pequeñas cosas. Pero reales.
—Entonces no va de entender el algoritmo —dije en voz baja—. Va de lo que haces dentro de él.
No respondió. No hacía falta.
Se giró y caminó hacia la oscuridad del jardín. Se detuvo un segundo antes de desaparecer.
Y en ese momento entendí la única respuesta que no había encontrado en ningún sitio:
Sois lo que hacéis.
Me quedé solo. El viento, los pinos, el mar al fondo.
No sé si aquella noche soñé con Manuela, si fue un recuerdo que decidió visitarme o si hay seres que nunca terminan de marcharse. Pero juraría que todavía sentía su cabeza apoyada en mi pierna.
Quizá no haya una lógica perfecta. Quizá no haya nadie escribiendo el código. O quizá sí, pero no es algo que podamos leer.
Pero hay una parte que sí depende de nosotros. Y esa, al menos, no está rota.
Mi respuesta no es una teoría. Mi respuesta es un lugar. Es haber estado aquí más de veinte años. Es seguir abriendo la puerta. Cada perro que llega, cada huésped que ríe, cada noche que pasa, es mi trozo de código bien escrito.
No sé si Dios existe. Pero sé que esto que he hecho existe. Y mientras exista, ya es bastante.
P. D. Antes de que se fuera, le hice una última pregunta: por qué hay gente que sigue reservando por Booking pagando más, cuando reservando directamente en la web de la casa le sale más barato.
Me miró como diciendo que hay cosas que están más allá de su comprensión. Ni Manuela tiene respuesta para todo.
Ven a sentarte en esa terraza
La luna, el Empordà de fondo y tu perro tumbado a tus pies. El resto, ya lo ponemos nosotros.
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Preguntas frecuentes
¿Quién era Manuela?
Manuela fue la perra símbolo de MasTorrencito. Una mestiza que durante dieciséis años fue la jefa de la casa y acompañaba a todos los clientes al río. Ya no está, pero sigue apareciendo en las historias del blog y en el diario Moments.
¿Dónde está MasTorrencito?
Es una masía del siglo XV en Parets d’Empordà, en el municipio de Vilademuls, en pleno Alt Empordà (Girona). Tiene nueve habitaciones y abrió sus puertas en 2005.
¿MasTorrencito es realmente pet friendly?
Sí, y no de etiqueta. Los perros conviven con los perros de la casa y pueden estar en el jardín, el comedor y la piscina. Aquí nadie te pone mala cara por viajar con tu perro. Si quieres saber cómo diferenciar un alojamiento de verdad de uno de postureo, lee nuestro Manifiesto D.O.G. o la guía para viajar con perros.
¿Por qué es mejor reservar directamente en la web?
Porque en la web oficial tienes el mejor precio garantizado, reserva inmediata y trato directo con nosotros, sin intermediarios ni comisiones. Te lo contamos en detalle en este post sobre Booking.
¿Qué es Moments MasTorrencito?
Es el diario cotidiano de la casa: cada mañana a las 6:00 publicamos el «Bon dia Benparits & Chuchigueys», con la foto del día, el tiempo, un consejo perruno, la canción del día y lo que pasó ayer. Todo queda guardado en el archivo vivo.
¿Se puede regalar una estancia en MasTorrencito?
Sí. Tienes tarjetas regalo y bonos para regalar una escapada con perro en el Empordà.
¿Y tú qué opinas?
¿Crees que somos lo que hacemos? ¿Alguna vez has sentido cerca a un perro que ya no está?
Síguenos y cuéntanoslo. Leemos todos los comentarios, y si la historia te ha llegado, déjanos un me gusta. Manuela estaría orgullosa 🐾
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- Y esto no se queda aquí: cada mes, un nuevo sorteo.
Sorteo organizado por Posiblemente la Mejor Casa Rural de Girona, S.L. Instagram y Facebook no patrocinan, avalan ni administran esta promoción. Consulta las bases legales.
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