¡Ay, los «miserables»! 😂 Esa palabra tan contundente, tan llena de significado, y tan en desuso hoy en día… Pero, ¡ojo! No es lo mismo ser «malo» que ser «miserable».
“El 98% de la gente es maravillosa. Este post va del otro 2%.”
No, no… los miserables son esos personajes que todos hemos conocido, los que siempre están intentando pagar menos, escurrirse en la cuenta o sacar ventaja de cualquier forma posible. Todos hemos tenido uno cerca, ¡y en una casa rural en l’Empordà no iba a ser diferente! Vamos con unos cuantos ejemplos que te harán reír (o llorar, dependiendo del día 😅).

El caso de la caña fantasma 🍺
Aquí en la casita rural, el sistema de bar es de confianza, tan simple como servirse lo que te apetezca y anotarlo en una libreta. Fácil, ¿verdad? Pues no tanto cuando aparecen los miserables. Verás, hace ya un año que quité los vasitos pequeños para la cerveza, solo quedan las copas grandes. Así que, en la lista de precios, se ve clarito: Caña mediana 2 €.
Un día, revisando la libreta, veo que alguien había escrito: «Caña pequeña – 1,50 €» 😳 ¡¿Pero cómo?! ¡Si hace un año que no hay cañas pequeñas! ¿Dónde la sacaron? ¡Es un misterio! Y ahí está el miserable, siempre intentando ahorrar esos míseros 50 céntimos, aunque tenga que inventarse la caña del pasado. ¡Magia! 🪄
El cable furtivo 🔌
Y luego está el que no pregunta nada. Un día salgo a dar una vuelta por el aparcamiento y me encuentro un cable que sale de la ventana de una habitación del primer piso, cruza la fachada, baja por el canalón y llega hasta… su coche eléctrico. Sin pedir permiso, sin avisar, sin nada. Se había montado su propia gasolinera particular con el enchufe de la habitación.
Y ese mismo día, justo cuando decide cargar, ¡zas! Salta la luz. Y ahí me tienes a mí, a las tantas, dando vueltas como un loco por toda la casa buscando el motivo, cuadro eléctrico en mano, maldiciendo en tres idiomas. Porque claro, las habitaciones están preparadas, en teoría, para soportar tal potencia… bueno, «preparadas» en esta casa es un decir, que aquí las cosas están mal hechas desde 1400 y pico. Y resulta que la habitación Mastín va enganchada, por algún milagro de la ingeniería medieval, con la Mamàs y, posiblemente, con una bombilla exterior. ¡Así que el señor no solo se enchufó gratis, sino que además le fundió los plomos a media casa! 😂
Le pregunto, con toda la calma del mundo: — «¿Y esto?» Y él, como si fuera lo más normal del mundo: — «Ah, es que no sabía si cobrabais por cargar, así que…» — «Así que decidiste convertirte en electricista sin avisar, y de paso dejar a medio Mas Torrencito a oscuras.»
Cable fuera, coche desenchufado, y factura de la luz de la habitación aparte. ¡Hay que tener cara! 😂
La ronda traicionera 🍻
Tres parejas llegan un día, felices y con ganas de disfrutar de un fin de semana en la casa rural. Se les ocurre la brillante idea de hacer una lista común para sus consumiciones. Yo, viendo lo que se avecinaba, les sugiero que mejor cada uno apunte lo suyo, para evitar problemas. ¡Y menos mal! Una de las chicas me miró con una gratitud que solo puede venir de alguien que conoce bien al miserable del grupo. 😂
Porque claro, en las rondas siempre hay uno que, cuando le toca pagar, pide lo más barato, pero cuando es el turno de otro, no duda en pedir lo más caro del menú. ¡Es la ley del miserable! 😏
El hotel de perros 🐕
Ah, y no te olvides de los dueños de perros… Vienen con su perrito adorable y me dicen: — «¿Pero cómo cobras por el perro? ¡Si eres un hotel rural, aquí los perros deberían ser gratis!» Y yo siempre respondo: — «Claro, pero si vas a un hotel para personas, ¿no te cobran? Pues los perros ensucian, dejan pelos y olores, ¡y eso requiere más limpieza!» La conversación siempre termina con una risa incómoda y un pago. ¡Porque incluso los perros de los miserables dejan rastro! 🐾
El perro de la boda 🐶💔
Y luego está el miserable con mayúsculas, el que directamente se pasa el sentido común por el forro. Una pareja se aloja con su perro, todo normal, todo bien… hasta que un día se van de boda. ¿Y el perro? Pues el perro se queda solo. Encerrado en la habitación. Ocho horas. OCHO. Sin que nosotros nos enteremos, porque ni lo avisan, ni lo comentan, ni piden nada, ni una triste ayuda para sacarlo un rato. Nada.
Nos enteramos al día siguiente, cuando el pobre animal lleva toda la noche encerrado y ya no hay quien lo aguante de la ansiedad. Y ahí es cuando se te cae la venda: esta gente ha venido a una casa rural pet-friendly, con un perro, para dejarlo tirado en una habitación mientras ellos se van de fiesta con copa en mano.
Porque si sabías que ibas a estar 8 horas de boda, ¿qué necesidad tenías de traerte al perro? ¿Para qué? ¿Para que se pasara el día solo, encerrado, sin nadie, en un sitio que no conoce? Aquí no hace falta pagar de más ni escaquearse de la cuenta para ser un miserable. A veces solo hace falta traerte a tu perro y luego abandonarlo ocho horas sin decir ni pío.
PUES NO TE LO TRAIGAS, CALAMAR. 🐾😤
El truco de Booking 🎟️
Y para el final, mi favorito. Hace poco me llamó un tipo para intentar hacer una reserva de lo más astuta. Me suelta: — «Oye, he visto que en Booking tienes un precio, ¿me haces ese mismo precio pero sin el 17% de comisión que te cobran?» Y yo, con una sonrisa mental, le dije: — «No, amigo, si lo viste en Booking, resérvalo por ahí». Él, insistiendo: — «¡Pero te cobrarán la comisión!» Y yo, tan tranquilo: — «Pues que me la cobren, tú haz lo que quieras».
Y ahí va, el listo reserva por Booking, con la comisión incluida. Al día siguiente me llama desesperado, ¡quería cancelar la reserva! Pero, como buen conocedor del sistema, yo le recuerdo que en Booking las condiciones son claras: no hay reembolso. Así que se quedó sin su dinero y, claro, enfadado otra vez. ¡El miserable se había hecho su propia trampa! 😂
En resumen
El miserable siempre está ahí, intentando rascar esos centimillos, inventándose cañas del pasado, tirando cables por la ventana o buscando el descuento imposible. Y a veces, el miserable ni siquiera busca ahorrar: simplemente le importa un pito el bienestar de quien tiene a su cargo. Sea como sea, siempre, siempre, acaba pillado en su propia trampa. Aquí en l’Empordà las anécdotas no faltan — y mientras haya miserables, tampoco faltará material. 😂
Preguntas frecuentes
Sí, y seguirá funcionando. La inmensa mayoría de huéspedes lo usa con honestidad, y preferimos mantener la confianza como norma aunque de vez en cuando aparezca alguien intentando aprovecharse.
Sí. Las placas solares, las baterías y el cargador tienen un coste real, así que la carga del vehículo eléctrico se cobra aparte del alojamiento.
Porque los perros generan una limpieza extra real: pelos, olores, y un mantenimiento distinto al de una habitación sin mascota. El suplemento cubre ese trabajo adicional.
No lo recomendamos bajo ningún concepto. Un perro encerrado muchas horas sin compañía sufre ansiedad y puede alterar a otros huéspedes. Si vas a estar fuera muchas horas, mejor no traerlo o buscar alguien que lo acompañe.
Sí, y es lo que siempre recomendamos. Reservando directo en mastorrencito.com evitas comisiones y sueles tener mejores condiciones que a través de portales de terceros.
Si después de leer esto sigues creyendo que la confianza merece la pena… aquí seguimos.
El bar de confianza sigue abierto. Los perros siguen siendo parte de la familia. Y el 98% de la gente sigue siendo maravillosa.
Si buscas una casa rural de verdad, donde no tengamos que poner normas absurdas ni candados porque «alguien se aprovechó», ya sabes dónde encontrarnos.
Reserva directamente en mastorrencito.com y que tu dinero vaya a quien realmente mantiene este sitio, no a las comisiones de Booking.
Y si prefieres hablar sin filtros, escríbeme por WhatsApp y te cuento cómo funciona todo, con pelos y señales.
Seguro que conoces a uno de estos «miserables», o ha pasado por tu vida… ¿verdad?? Cuéntanoslo en los comentarios. Que de estos también se aprende. Y se ríe. 😂
Mas Torrencito — Parets d’Empordà, Girona. La primera casa rural para mascotas que acepta personas.






