Dos navarros en el Empordà. 28 años. Una familia. Un sueño.

Hay personas que entran en tu vida y sin que te des cuenta se convierten en parte de lo que eres.

Andrés es una de ellas.

Los dos somos navarros. Él de Los Arcos, yo de Pamplona. Los dos acabamos en el Empordà, cada uno con su masia, cada uno con su sueño, cada uno con su forma de entender esto. Y los dos sabemos lo que cuesta levantar algo así en medio de la nada.

Llevamos 16 años siendo familia. No amigos. Familia. Y si soy honesto, no se puede entender del todo lo que es hoy Mas Torrencito sin contar con él. Porque Andrés ha sido maestro y guía. De los que no te dan lecciones. De los que te las hacen vivir.


Eso es lo que ha tardado mi amigo mío en convertir unas ruinas en un sueño.

No lo digo como figura retórica. Lo digo literal. Una masia del 1830 en Espinavessa, en una carretera que no sale en los titulares de nadie, que cuando él la compró era poco más que piedras y deudas. Y que hoy es el Hotel Masia La Palma. Con restaurante Sa Poma. Con SPA. Con recomendación Michelin.

De unas ruinas a esto.

Pero no de golpe. Estas cosas nunca son de golpe.

Empezó como casa de colonias. Luego fue casa rural. Y poco a poco, paso a paso, apuesta a apuesta, se fue convirtiendo en lo que es hoy: un precioso hotel boutique, un Petit Grand Hotel con alma, con criterio, con personalidad propia. De esos que ya casi no quedan.

Andrés no llegó a este sector porque le tocó. Él venía del mundo de los viajes. Vendía experiencias a otros. Y un día, por cosas de la vida, llegó al Empordà, vio una masia en ruinas y decidió construir la suya propia. Sin manual de instrucciones. Sin red debajo. Sin nadie que le dijera que era buena idea.

Porque no lo era, sobre el papel.

Lo que la gente ve cuando llega al Hotel Masia La Palma es el resultado. El jardín que es un oasis. El restaurante con su cocina de producto. El SPA. El Bar de la Confiança con la chimenea encendida en invierno donde el tiempo se detiene. La recomendación Michelin enmarcada en la pared.

Lo que no ve nadie es lo otro.

Las noches levantado porque una fase de la luz ha saltado y no puedes llamar a nadie porque son las tres de la madrugada y eres tú el que tiene que arreglarlo. El agua que falla justo cuando no puede fallar. La fosa. Siempre la maldita fosa. Y los clientes… que de eso mejor no hablo porque esto es público. Jajaja.

Yo lo sé porque llevamos 16 años siendo familia. No amigos. Familia. De los que discuten, de los que no siempre están de acuerdo, de los que se dicen las verdades aunque duelan. Y de los que en los últimos años nos vamos a dormir como las gallinas, prontito, porque las pilas dan para lo que dan y esto del rural te las deja a cero antes de las diez.

Hemos hablado mucho. De todo. De luz, de agua, de fosas, de clientes, de decisiones, de dudas, de miedos. Y de sus frases, que las tiene buenas. Una que nunca se me ha olvidado: un abogado te saca de la cárcel pero no te olvides que también te mete. Cuántas veces me he acordado de esa.

Pero Andrés no construyó esto solo. Ni de lejos.

Tona en la cocina de Sa Poma, dándole alma a cada plato. Pep, su hijo, trabajando junto a ella entre fogones. Ana, su hija, siendo la cara y la voz de la Masia en recepción y marketing. Y Fabi, mujer de Pep, la que se encargaba de que cada habitación estuviera perfecta, de que todo estuviera en su sitio, de que el cliente nunca notara el esfuerzo que había detrás.

Una familia entera dentro de una masia. Durante 28 años.

Y cuando no había clientes, no había descanso. Había pintura. Había decoración. Había jardín que arreglar, detalles que mejorar, rincones que cuidar. Porque esto no es un trabajo del que te desconectas cuando cierras la puerta. Esto te consume. Y ellos se dejaron consumir con orgullo.

Sin ellos, nada de esto hubiera existido. Punto.

Los caminos de la vida a veces se separan. Así es esto. Pero lo que construyeron juntos es real. Existió. Y eso no lo borra nadie.

Detrás de 28 años hay un precio que no sale en ninguna reseña. Lo paga tu cabeza. Lo paga tu cuerpo. Lo paga tu familia. Que no es que lo hayan vivido… es que lo han mamado. Porque esto de lo rural conlleva sacrificios en todo. En lo personal, en lo físico, en lo mental. Es una apuesta personal. Es la forma elegida de vivir. Y la familia te apoya… que no significa que quiera tirar del carro para siempre.

Andrés ha vendido la Masia.

Y lo ha hecho bien, como hace las cosas. A unos señores que se enamoraron de ella. Así, sin más. Sin tener nada que ver con el sector. Solo con una condición: que su hija Ana se hiciera cargo. Y Ana lo dejó todo y se metió de cabeza.

Eso no es una venta. Eso es dejar un sueño en buenas manos. Eso es saber que los 28 años no mueren cuando cierras la puerta por última vez.

Hay duelo. Con 28 años dentro no puede ser de otra manera. Pero también hay algo que muy poca gente consigue: irse con dignidad. Habiendo pagado la hipoteca. Habiendo llegado a Michelin. Habiendo construido algo que se sostiene solo cuando tú ya no estás.

Hay un dicho que me gusta mucho y que él me enseñó: me extraña a mí que siendo araña te caigas de las paredes.

Andrés no se ha caído. Se ha bajado cuando ha querido.

Y eso, en este sector, es de los que realmente saben lo que hacen.


Querido Andrés… no estés triste. Estate orgulloso.

Mira lo que habéis construido. Mira lo que dejáis. Una masia con alma, con historia, con 28 años de vida dentro de cada piedra.

Esto no es el final.

Es el principio.

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Porque aquí los perros no pasan. Se quedan.

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🌿 Sustainability, wellbeing and a pet-friendly spirit at Mas Torrencito
At Mas Torrencito, we understand sustainability as something inseparable from the wellbeing of people… and their dogs. We live surrounded by nature and share our space with animals every day, so caring for the environment is not an option: it is part of our way of life.

For this reason, we are committed to a model of conscious, efficient and deeply pet-friendly rural tourism, where technology, respect for the environment and living alongside pets go hand in hand.

☀️ Solar energy produced on site

We have a photovoltaic installation consisting of:

🔹 72 solar panels
🔹 Individual panel power: 450 W
🔹 Total installed capacity: ~32.4 kWp

Thanks to the high level of solar radiation in the Empordà, this system allows an estimated annual production of between 50,000 and 55,000 kWh, covering a very significant part of the accommodation’s energy consumption.

➡️ A large part of the energy used to heat water, light the rooms and provide comfort for guests and pets is generated directly at the farmhouse.

🔋 Batteries to make the most of every ray of sunshine

Solar energy is complemented by an energy storage system with:

🔹 40 kWh in batteries
🔹 Use of surplus energy
🔹 Use of self-generated energy during the night

This allows us to:

reduce dependence on the grid,
minimise consumption peaks,
and ensure a more stable energy supply, even during periods of high occupancy (when dogs and people are enjoying themselves to the fullest 🐶😄).

🌡️ Efficient thermal comfort (aerothermal system)

The climate control at Mas Torrencito is provided by aerothermal technology, a highly efficient and environmentally friendly system that offers:

lower energy consumption,
reduced emissions,
stable and comfortable temperatures all year round.

Ideal for people to feel comfortable… and for dogs to sleep peacefully, without excessive heat or cold.

💧 Responsible water use

We use greywater recycling systems, reusing water from showers and washbasins for other non-potable purposes.

In a rural setting, every drop counts, especially when there are gardens, green areas and happy dogs running around.

♻️ Recycling and responsible waste management

We promote a conscious approach to waste management through:

selective waste separation,
reduction of plastics,
responsible use of cleaning products and consumables.

All with the aim of maintaining a clean, healthy and safe environment for people and pets.

🐾 Rural tourism with meaning (and with paw prints)

Mas Torrencito is:

a rural retreat where dogs are part of the family,
a project that cares for the natural environment,
and a place where sustainability and pet-friendly values are not labels, but a daily reality.

Because we believe there is no better rural tourism than one that respects nature… and those who enjoy it on four paws 🐕💚