Yo ya intuía que algo se cocía. Conozco a la Mire, sé que le encanta preparar cosas, sé que sabe currárselo… pero lo de ayer se pasó de rosca. Como para no acordarme el resto de mi vida.
El día en que perdí el control (y lo llevé fatal)
Empiezo por confesar algo: no sé dejarme llevar. Lo llevo fatal. Y la Mire lo sabe perfectamente. Así que cuando me dijo «tengo algo preparado para los dos a las 12:30», a mí se me activó el modo control total: checkouts, check-ins, desayunos, lavadoras, secadoras, las chicas liando la casa (Lunai y Maribel), depósitos de agua, baterías… todo revisado, todo bajo control, antes de soltar las riendas por un rato.
Llegó la hora y nos fuimos. Le pregunté si íbamos a hacer muchos kilómetros. «Unos cuantos», me dijo. «¿Cuántos asientos meto?», le pregunté. Ostras, pues habrá que cargar el coche un poco, pensé. Cargamos, dimos vueltas, me llevó por aquí y por allá… yo ya intuía algo, pero tocaba dejarse llevar. Y ya sabéis cómo se me da eso.
Entonces me dice que tenemos que parar en La Barratina de Orfes a recoger comida. Y yo pensando: «¿Albert con comida preparada? Ni de coña.» Jajajaja.
Lo que me esperaba ahí fue mayúsculo.
Las cuatro salas
Subimos. Yo ya contaba con encontrarme un buen grupito de amigos allí. Lo que jamás me imaginé es que había reservado el restaurante ENTERO para mí, con sus cuatro salas.
Se me encogió el corazón.
En una sala, el Team. En otra, la Fama. En otra, los de Báscara. En otra, los demás. Y sala por sala, todos gritando y felicitando. Fue acojonante, de verdad, de esas cosas que se te quedan grabadas para siempre.
Os cuento una cosa graciosa: al entrar en la primera sala me sonaba la gente, pero pensé que eran otros clientes del restaurante comiendo por su cuenta, así que les dije «no subáis la voz, que hay gente comiendo». Jajajajaja. No me imaginaba que todos, absolutamente todos, estaban ahí por mí.
La comida, a cargo de La Barratina y de su superjefe y amigo mío, Albert, estupenda como siempre. Pero claro, yo iba de sala en sala saludando a unos y otros, que aquello me recordó a las bodas, que al final no comes nada. Jajajaja. A los de Báscara los saludaba con menos ceremonia, que a esos los veo casi a diario. Pero a los demás, a mis hermosos… ¡OSTRAS!
Y aquí viene la traca: por la mañana ya me habían felicitado varios haciendo como que estaban en Galicia, otros centrándose en Salamanca, y mi Sobi y la Lola desde Madrid deseándome un buen día… y todos ellos estaban en Báscara. Jajajaja. Anda que si llego a bajar a comprar algo y me los encuentro por la calle… hubiera flipado en colores.
Escondieron los coches en Báscara, los escondieron en Orfes, y sinceramente ME PILLARON DE SORPRESA. Fue la LECHE.
La fiesta no había hecho más que empezar
Salimos del restaurante y yo pensando que ahí se acababa la cosa. Pero no. «Que si vamos por aquí, que si vamos por allá, que si nos acercamos al pabellón»… me tuvieron dando vueltas otra vez, con excusas por todos lados, hasta que me metieron en casa de Eugenia.
Y allí estaban otra vez todos. Toda mi familia. A seguir celebrándolo.
Porque resulta que la Eugenia había organizado la fiesta de después, en su casa, en el jardín, con DJ y todo. Un curro tremendo, Eu, de verdad, de esos que no se hacen sin muchísimo cariño de por medio.
No me lo esperaba ni por asomo.
OS QUIERO.
Gracias, de corazón, a cada uno de vosotros
Amigos que son amigos… que son FAMILIA. Que vinieron desde Galicia, Salamanca, Madrid, Andorra, Mallorca…
Empiezo por los que vinieron de más lejos, con más años a cuestas de amistad:
La Fama de La Ametlla (bo, la del Vallès, que «como el Vallès no hay res», según ellos, jajaja): Jovita y Climent, Raúl y Gigi, Mireia y Lia (mi superteam), Jordi y Yoyo, Ramon y Esthe, Juan y RosaMari, Chus y Roser, Ivan e Ingrid (que vinieron desde Andorra), Cris y Dani, Vicente, el Tete e Isa.
Luego está el día a día, los que me cruzo casi cada tarde sin necesitar ningún motivo especial:
Mi grupito de Báscara, con los que me tomo unas cervecitas casi a diario, los que tengo más a mano: Ana, Clara, Eugenia (la Eu, que además de la mención especial de arriba por la fiesta del jardín, se merece un aplauso aparte), Moi y Clara, La Guayi y la Nuri, Óscar y Txell, Pilar y Luisa, Tina.
Y por supuesto, la sangre:
Mi familia directa: mis hermanos Andrés y Fernando, Feli, Chusa, mis ñordas Elsa y Alda, Andresín y Lola.
Y para no dejarme a nadie sin su línea, aunque sea corta:
Y muchos más que también estuvieron ahí: Gemma y su mami, Anna (que se acercó desde Mallorca), Andrés, Olga y Aniol, mi querido alcalde Álex y su mujer Dolors, Miquel y Anna, Blanca y Ramon… y seguro que alguno se me olvida, que conste que es del cariño, no del corazón.
A todos: gracias por estar ahí. Gracias por venir. Gracias por perder y «malgastar» un poquito de vuestro tiempo y vuestro dinero por estar conmigo. Gracias de corazón.
Y mil gracias también a los que no pudisteis venir, por trabajo, por tiempo, por quehaceres o compromisos. GRACIAS igualmente, que ya sé que estabais ahí en pensamiento.
Y gracias también a…
A los clientes que teníais alojamiento reservado en esos días y que, sin comerlo ni beberlo, os convertisteis en cómplices de toda esta locura. Gracias por adaptaros, por la paciencia, por entrar en el juego sin rechistar. Sin quereros, también sois parte de esta historia.
A Ana, que hizo de jefa de Mas Torrencito por un día entero. Fue avisando según iban llegando los clientes para que los fuéramos colocando bien, se encargó de todo como si la casa fuera suya. Ana, de verdad, GRACIAS.
Y a todos y todas los que me leéis, los que habéis llamado, escrito, comentado o felicitado, por WhatsApp, Messenger, SMS, Instagram, Facebook, TikTok… a TODOS vosotros, mil gracias. Sé que tengo más de 500 mensajes pendientes de contestar, y prometo hacerlo, uno a uno, aunque me lleve tiempo. A todos y todas: GRACIAS, de verdad. Lleváis un pedacito de mí. Y a los que he ido nombrando a lo largo de este post… de esos se ha desprendido un pedacito de mí. Sobre vosotros.
Dicho esto, también tengo que decirlo: alguno no se portó bien. Y lo sabe. Como dicen en mi pueblo: «si la envidia fuera tiña, cuántos tiñosos tendríamos». Porque es de muy poco recibo que la Mire se lo curre así, que os pida confirmación… y que ni siquiera aparecierais en la comida. Eso es FEO. Muy feo.
Mireia merece capítulo aparte
Porque lo de arriba son gracias para todos, pero esto es solo para ti, Mire.
No tengo palabras. Bueno, sí las tengo, y son estas: te quiero, familia. GRACIAS.
Y digo GRACIAS en mayúsculas porque tú eres quien ha hecho esto posible, con todos los contratiempos que te puse por el camino. Empezando por mi operación, que te la solté sin avisar, casi de sopetón. Y esa operación puso en peligro tu viaje a Vietnam, un viaje que llevabas años preparando, con salida el 25… y a mí me operaron el 23. Ahora entiendo esa cara que pusiste cuando te dije la fecha. Jajajaja.
Yo te animé a irte, aunque tú no querías, aunque todo salió genial. Y encima, estando ya en Vietnam, te avisan de que el vuelo se retrasa dos días, o que tienes que adelantarlo, no me acuerdo bien… y me contaron que te pusiste a llorar. Demasiadas cosas, demasiado tiempo organizando todo esto en secreto, para que encima se te complicara el viaje. Y tuviste que adelantarlo.
Pobreta. Y aun así, todo salió perfecto.
Mireia, tú sí que eres el regalo de mi cumpleaños. Y el regalo de mi vida.
De verdad que nunca me lo hubiera esperado. Nunca. Y sinceramente tengo mucha, mucha, mucha suerte de teneros a todos vosotros en mi vida, porque cada uno de vosotros le aporta una pizca de sentido a este personaje que os escribe.
Yo siempre os he dicho, en broma, la misma frase a todos: «qué suerte habéis tenido de conocerme». Pero la verdad, la de verdad, es justo la contraria: qué suerte he tenido YO de encontraros a vosotros en mi camino. Porque si soy como soy, es gracias a cada uno de vosotros. Todos me aportáis un poquito, y todos esos poquitos juntos hacen que sea quien soy.
Ostras… esto ha sonado a discurso de Rajoy. Jajajaja. Pero lo firmo con las dos manos.




