La llamada más surrealista que hemos recibido en veinte años. Con final incluido: «la piscina es de los perros». La señora que llamó para preguntar si admitíamos perros… y se indignó al descubrir que sí
Hay llamadas para reservar. Hay llamadas para preguntar precios. Hay llamadas para saber si tenemos disponibilidad. Y luego están esas llamadas en las que, después de cinco minutos hablando, empiezas a mirar la pantalla del teléfono pensando: «¿Me estarán llamando de la radio?»
Porque aquello tenía toda la pinta de ser uno de esos programas en los que llaman a alguien para tomarle el pelo y ver hasta dónde aguanta.
Pero no. Era una llamada de verdad. Y empezó de la forma más normal del mundo.

📞 «¿Admiten perros?»
📞 —Buenos días. Quería saber si admiten perros.
—Sí, claro.
📞 —Es que tenemos tres.
—Perfecto. No hay problema.
Hasta aquí, todo fantástico. Entonces llegó la siguiente pregunta.
📞 —¿Y cobran por los perros?
—Sí. Seis euros por perro y noche.
Silencio.
📞 —Uyyyyyyyy…
Aquello fue el primer aviso. Ese «uyyyyy» tenía información. Yo todavía no sabía cuánta.
🐶 «¿Pero hay más perros?»
📞 —¿Y allí hay otros perros? —Sí.
📞 —¿De otros clientes? —Sí, claro.
📞 —¿Y ustedes también tienen perros? —También.
📞 —¿Y están todos juntos? —Bueno… los perros están con sus familias. Por el jardín, las terrazas, las zonas comunes…
📞 —Uy, pues eso no me gusta.
Ah. Vale. Recapitulemos: tiene tres perros, busca una casa rural que admita perros, pero no le gusta que haya perros.
La cosa empezaba a ponerse interesante.
🌳 «¿Y se puede pasear?»
📞 —¿Y por allí se puede pasear? ¿Con los perros?
—Claro. Estamos en medio del campo. Tenemos finca, bosque, caminos, jardín… hay muchísimo sitio para pasear.
📞 —Ah, bueno.
Por fin, una respuesta satisfactoria. Pensé: Miguel, hemos remontado.
Duró cinco segundos.
📞 —¿Y hay centros comerciales cerca? Para ir a pasar el día. Mirar tiendas, comer por allí…
Volví a mirar el teléfono. Campo. Árboles. Bosque. Perros. Piscina. Silencio. Naturaleza. Y aquella mujer estaba intentando localizar unas escaleras mecánicas. Va a ser que no… que estan un poquito lejos de mastorrencito…
📞 —Entonces hay que coger el coche. —Sí.
📞 —Uy…
Otra vez el «uy». Empezaba a conocerlo. Y aún no habíamos llegado al comedor.
🍽️ Los perros en el comedor
📞 —¿Los perros pueden entrar en el comedor? ¿Dentro? ¿Mientras come la gente?
—Sí, sí y sí.
📞 —Pues eso no me parece nada higiénico.
—Bueno, llevamos muchos años funcionando así.
📞 —¿Y Sanidad permite eso?
—Hasta hoy parece que sí.
Aquí empecé a pensar en serio que aquello era una broma. Una señora que viajaba con tres perros estaba escandalizada porque en el alojamiento al que quería llevarlos… había perros.
Pero todavía faltaba lo mejor.
🏊♂️ La piscina
📞 —He visto fotos de perros dentro de la piscina. ¿En la misma piscina donde se bañan las personas? ¿Y después se mete la gente? ¿Después de haberse bañado perros?
—Sí, sí y sí.
Y entonces llegó el apocalipsis.
📞 —¡Pero eso es una cerdada!
Intenté explicarle que una piscina tiene filtración, tratamiento, control de pH, desinfección, mantenimiento… Pero la explicación científica ya no servía. La mujer había visto caer Roma.
📞 —¿Cómo pueden permitir que los perros se bañen en la piscina de las personas?
Y entonces le contesté:
—Perdone, creo que lo ha entendido al revés.
🐶 La piscina es de los perros.
Usted, si quiere, se baña con ellos.
Silencio absoluto. 😂
Y reconozco que esa frase me salió sola. Pero también es verdad: nosotros llevamos años diciendo que somos «la primera casa rural para mascotas que admite personas». Así que, siguiendo nuestra propia lógica, la piscina es de ellos. Nosotros podemos entrar.
📞 —¿Y nadie les ha dicho nunca nada? —No.
📞 —¿Sanidad? —No.
📞 —¿El Ayuntamiento? —No.
📞 —¿Y nunca les han cerrado? —No.
📞 —Pues no entiendo cómo siguen abiertos.
Aquí volví a mirar el teléfono. Ya no pensaba que estuviera haciendo una reserva. Pensaba que estaba declarando ante una comisión de investigación.
Y, sinceramente, seguía esperando escuchar en cualquier momento: —¡Miguel, era una broma! ¡Estás en directo!
Pero no. Todavía quedaba el restaurante.
🍲 Y ahora, el restaurante
📞 —¿Qué restaurante tienen?
—No tenemos restaurante. Somos una casa rural: desayunos, comida disponible para clientes, opciones para cenar, bar autoservicio…
📞 —¿Pero tienen carta? ¿Camareros? ¿Servicio de restaurante?
—No, no y no.
📞 —Pues vaya tipo de restaurante… Pues vaya tipo de alojamiento.
Bingo completo.
El resumen
Una señora con tres perros buscaba una casa rural donde los perros fueran admitidos, pero que no hubiera otros perros. Que aceptara tres, pero que al escuchar «seis euros por perro» respondiera con un larguísimo «uyyyyy…». Que tuviera campo para pasear, pero también un centro comercial cerca para pasar el día. Que fuera pet friendly, pero que jamás entraran en el comedor ni se metieran en la piscina. Que tuviera comida, pero también carta y camareros.
«Creo que este alojamiento no es para nosotros»
Y entonces llegó la frase más sensata de toda la conversación.
📞 —Pues creo que este alojamiento no es para nosotros.
—Creo que no.
Por fin estuvimos completamente de acuerdo. Porque esta historia tiene algo curioso: tener perro no significa necesariamente que te gusten los perros. Puedes querer con locura a tus tres perros y no querer compartir espacio con ninguno más. Puedes viajar con ellos pero preferir que no entren en un comedor. Puedes buscar un alojamiento que los acepte pero considerar impensable bañarte en la misma piscina.
De hecho, no es la primera vez que nos pasa algo parecido: hace unos meses ya contamos el día en que unos clientes descubrieron que Mas Torrencito tenía… perros, otra reserva que terminó igual de mal y por el mismo motivo. Y si lo que te preocupa es que un alojamiento se anuncie como pet friendly y luego no lo sea tanto, hemos escrito sobre ello con nombres y apellidos: por qué tantos portales — y alojamientos — hacen «pet friendly» de mentira.
Mas Torrencito es otra cosa
Aquí el perro no viene escondido. No es una maleta con cuatro patas que subes a la habitación y bajas tres veces al día para hacer pipí. Aquí el perro también está de vacaciones.
Hay camas para ellos. Comederos. Bebederos. Toallas. Jardín. Bosque. Terrazas. Comedor. Y sí: piscina.
Los perros forman parte de la casa. De nuestras fotos, de nuestros vídeos, de nuestras redes, de nuestros desayunos, de nuestras historias. Y de nuestra manera de entender el turismo rural.
No somos una casa rural que admite perros.
Somos una casa rural pensada para personas que quieren viajar CON sus perros.
Y hay una diferencia enorme.
Cuando colgué todavía me quedé unos segundos mirando el teléfono, pensando: «¿Seguro que no me estaban llamando de la radio?»
Pero no. No había broma. No había programa. Era simplemente una señora con tres perros buscando una casa rural que admitiera perros… pero no demasiado. 😂
Seguramente encontrará otra que encaje mucho mejor con lo que busca. Nosotros seguiremos aquí: con perros entrando en el comedor, corriendo por el jardín, durmiendo en las terrazas, mojándolo todo al salir de la piscina. Y personas que llegan, lo ven y dicen: —Esto es justo lo que estaba buscando.
Porque al final no se trata de gustarle a todo el mundo. Se trata de que quien venga sepa perfectamente dónde viene.
Y para evitar cualquier posible confusión futura, dejémoslo por escrito:
🐶 La piscina es de los perros.
🏊 Usted, si quiere, puede bañarse con ellos.
Y sí, después de veinte años, todavía seguimos abiertos. Milagros de la administración. 😂
saluDOGS y que tu perro te acompañe.
Preguntas frecuentes sobre viajar con perros a Mas Torrencito
Sí. Los perros de nuestros clientes pueden entrar y estar en el comedor mientras se sirven los desayunos y las comidas, igual que en el resto de zonas comunes de la casa.
Sí, es la misma piscina. La piscina cuenta con su correspondiente sistema de filtración, tratamiento y control de pH, igual que cualquier piscina de uso compartido.
El primer perro no tiene coste adicional. A partir del segundo, el suplemento es de 6 € por perro y noche.
No imponemos un límite estricto: recibimos habitualmente clientes que viajan con dos o tres perros. Lo importante es la convivencia en las zonas comunes con el resto de huéspedes y sus mascotas.
Probablemente no. Al ser una casa rural pet friendly con habitaciones (no un alquiler íntegro), los perros de distintos clientes comparten jardín, terrazas y zonas comunes. Para quien busca evitar el contacto con otros perros, un alojamiento de alquiler íntegro suele encajar mejor.
Mas Torrencito — Parets d’Empordà, Girona. La primera casa rural para mascotas que acepta personas.






