Durante años, en Mas Torrencito la ropa la lavaba otro. Sábanas, fundas, toallas — todo salía de aquí sucio y volvía limpio, doblado y facturado. El proveedor se llamaba Mclean, «premium laundry services», y durante 2022 me mandó religiosamente una factura cada semana o dos, con su albarán, sus kilos y su IVA.
Un día decidí que lo hacía yo. Compré lavadoras, secadoras, un rodillo de planchar semi-industrial, y desde entonces la colada de las nueve habitaciones sale de mis manos (y de mis placas solares).
La pregunta que me hacía todo el mundo era la típica: «¿pero eso realmente compensa?». Así que en vez de responder con una intuición, saqué las facturas viejas de Mclean y me puse a hacer números en serio. Esto es lo que encontré.
El punto de partida: lo que pagaba en 2022
Guardo 33 facturas de Mclean de 2022. Solo de sábanas (sin toallas) lavé 3.036 kg ese año, y el precio por kilo no paró de subir:

En siete meses, de diciembre de 2021 a julio de 2022, el precio subió un 18,5%. Y eso fue solo el principio — la energía, el agua, los productos químicos y el combustible que mueven una lavandería industrial han seguido subiendo desde entonces. Aplicando el IPC oficial español (2023: +3,5%, 2024: +2,8%, 2025: +2,7%) el precio de hoy rondaría los 1,77 €/kg. Pero si aplicamos un incremento más realista para un sector tan dependiente de energía y agua (~6% anual), hablamos de 2,02 €/kg.
Sumando toallas (estimadas a partir de mi ratio actual de sábanas/toallas por juego), el volumen total de ropa de aquel año fueron unos 5.465 kg. A precio de hoy, eso son entre 9.700 € y 11.000 € de base imponible — es decir, entre 11.700 € y 13.400 € con IVA incluido.
Esa es la cifra que dejé de pagar cada año.
Lo que de verdad me cuesta hacerlo yo
Aquí está la parte honesta del artículo, porque es muy fácil vender un ahorro «mágico» y muy poco honesto no contar lo que cuesta hacerlo tú mismo.
Tengo tres lavadoras y tres secadoras Bosch de 15 kg, y para planchar uso un rodillo Miele B995D. Con esa maquinaria, para el mismo volumen de ropa, esto es lo que gasto al año:
| Concepto | Coste anual |
|---|---|
| Agua (~44 m³ de lavado) | 87 € |
| Electricidad (con placas solares, autoconsumo) | ~0 € |
| Detergente, suavizante y productos | 547 € |
| Amortización de lavadoras, secadoras y rodillo (10 años) | 1.930 € |
| TOTAL sin contar mi tiempo | ≈ 2.564 € |
El rodillo Miele B995D me costó 2.800 € cuando lo compré — con más de tres años de uso a este ritmo, ya está más que amortizado, así que esta partida en realidad es más generosa de lo que me cuesta hoy en la práctica.
La electricidad prácticamente no cuenta porque programo las lavadoras y secadoras según el sol y las baterías — algo que solo puedo hacer porque tengo placas solares. Si no las tuviera, esa partida sola serían unos 563 € más al año, a precio medio de red.
¿Y mi tiempo? Ahí está la trampa de todo esto
Todo el mundo que calcula un «ahorro» haciéndolo uno mismo comete el mismo error: se olvida de poner precio a su propio tiempo. Yo no quería caer en eso.
Cargar y descargar lavadoras y secadoras, tender, doblar, planchar con el rodillo… son unas 384 horas al año. Si les pongo el precio del Salario Mínimo Interprofesional para empleadas de hogar por horas en 2026 (9,55 €/h), eso son 3.667 € más.

Con eso, mi tiempo es, con diferencia, la partida más grande — más de la mitad de todo lo que «cuesta» hacerlo yo mismo.
Entonces, ¿compensa o no?
Aquí está el resumen de las tres cifras que de verdad importan:

- Lo que pagaría hoy a una lavandería externa: ~12.500 €/año
- Lo que me cuesta hacerlo yo, sin contar mi tiempo: ~2.564 €/año
- Lo que me cuesta hacerlo yo, poniéndole precio a mi tiempo: ~6.231 €/año
Incluso en el escenario más honesto —el que valora mi trabajo a precio de mercado— sigo ahorrando más de 6.000 € al año. Y esa cifra no incluye algo que tampoco tiene precio en una hoja de cálculo: el control sobre cuándo se cambian las sábanas, la certeza de que huelen como quiero que huelan, y no depender de una furgoneta que a veces llegaba tarde en pleno agosto con la casa llena.
Una reflexión final (la más importante de todo el artículo)
Llevo algo más de tres años haciendo esto, y siendo sincero: no me ha supuesto una gran carga. Sí hay una parte de logística — ver cuándo puedo poner una lavadora según el sol y las baterías, organizar los tiempos — pero eso es gestión, no sacrificio. Para mí se ha convertido en un «más a más» dentro de mis funciones en la casa, como escribir cada mañana o cualquier otra rutina que ya forma parte de cómo llevo Mas Torrencito. No lo vivo como una tarea aparte que me pesa, sino como una pieza más del engranaje.
Dicho esto, hay dos cosas que para mí han sido clave, y que no salen en ninguna hoja de cálculo. La primera: tienes que tener ganas de hacerlo, o al menos no vivirlo como una obligación impuesta. Si te lo tomas como un «task» más que se suma a la lista interminable de cosas de la casa, esto pesa mucho más de lo que pesa en realidad. La segunda, más práctica: necesitas un espacio cómodo para hacerlo. Yo lo hago en mi cocina, con la tele puesta, viendo Netflix, con aire acondicionado en verano. No es lo mismo planchar tres horas así que hacerlo metido en un cuartito sin ventanas, solo, en silencio y con calor. El sitio donde lo haces cambia completamente si esto es un rato agradable o una condena.
Así que antes de comprar tres lavadoras y un rodillo, preguntaos de verdad: ¿tengo un sitio donde esto no se me haga cuesta arriba, y puedo integrarlo como una rutina más en vez de vivirlo como una carga? Si la respuesta es sí, como me pasa a mí, el ahorro es real y además no te quita calidad de vida. Si no, mejor seguid pagando a la lavandería y dedicad esas horas a otra cosa.
Lo que me llevo de este ejercicio
No hice este cálculo para venderos que «hacerlo tú mismo siempre compensa» — a veces no compensa, sobre todo si no tienes dónde meter tres lavadoras y tres secadoras, o si tu tiempo vale más en otra cosa. Lo hice porque llevaba años dando esta respuesta por intuición, y prefiero dar respuestas con números.
Si tenéis una casa rural y os estáis planteando el mismo salto, mi consejo es este: sacad vuestras propias facturas, calculad vuestro propio volumen de kilos, y poned precio a vuestro propio tiempo antes de decidir. En mi caso, con placas solares y un rodillo que amortizo en diez años, la cuenta sale. En otra casa, con otra estructura de costes, puede que no.
Mas Torrencito — Parets d’Empordà, Girona. La primera casa rural para mascotas que acepta personas.






