O por qué tener un corazón enorme no basta para adoptar un perro que encaje de verdad en tu vida.
Voy a hacer una pregunta que probablemente me cueste algún disgusto. O varios.
¿De verdad todas las personas deberían poder adoptar cualquier perro?
Y antes de que alguien saque las antorchas, organice una manifestación y venga a quemarme la masía de Mas Torrencito, dejadme explicar una cosa.
Estoy a favor de adoptar. Muchísimo. Pero estoy todavía más a favor de que una adopción salga bien.
Porque adoptar no debería consistir en llevarse al perro que tiene los ojos más bonitos, al que más pena nos da o al que lleva más tiempo esperando detrás de una reja. Debería consistir en encontrar a ese perro al que realmente podemos ofrecerle una buena vida.
Y eso, aunque suene fatal, significa aceptar algo que parece de sentido común, pero que a veces se nos olvida:
No todos los perros son adecuados para todas las personas. Y no todas las personas son adecuadas para todos los perros.
Y no pasa absolutamente nada. Lo preocupante es cuando nos empeñamos en lo contrario.
Que nadie se confunda: colaboramos con más de 30 protectoras
Antes de seguir, quiero dejar algo muy claro. En Mas Torrencito colaboramos con más de 30 protectoras, refugios y asociaciones de animales. Sí, más de treinta. Y lo hacemos porque creemos profundamente en su trabajo.
Porque sabemos lo que significa rescatar a un perro abandonado, recoger a un animal maltratado, atender a uno enfermo o dedicar noches enteras a buscarle una familia.
Detrás de muchas de estas asociaciones hay personas que hacen auténticos milagros con cuatro duros, muchísimo esfuerzo y un corazón que no les cabe en el pecho. Personas que sacrifican sus fines de semana, sus vacaciones y muchas veces su propio dinero.
Somos los primeros en apoyar esta labor tan, tan, tan generosa. Y lo seguiremos haciendo.
Pero precisamente porque creemos en las protectoras, porque las apoyamos y porque queremos que cada adopción sea un éxito, pensamos que también debemos poder hablar de lo que a veces se hace mal. Apoyar una causa no significa tener que aplaudirlo absolutamente todo. Querer algo también significa querer que se haga cada día mejor.
Y aquí viene una frase que me gustaría que quedara grabada:
Por supuesto, encontrarle cuanto antes un hogar es importantísimo. Pero encontrarle el hogar adecuado es todavía más importante.
Y ahora sí. Dejadme contaros algunas cosas que hemos visto por Mas Torrencito. Porque hay historias que parecen inventadas. Pero no lo son.
En Mas Torrencito hemos visto cosas que no os creeríais
Y no hablo de oídas. Por Mas Torrencito llevan años pasando cientos y cientos de perros.
Grandes, pequeños, jóvenes, viejecitos, mestizos, de raza, adoptados, comprados, tranquilos, nerviosos, sociables, miedosos, deportistas profesionales del sofá y auténticos terremotos con cuatro patas.
Y detrás de cada uno hay una familia. Una historia. Y, muchas veces, una decisión que cambió la vida de todos.
Hemos conocido adopciones maravillosas. Personas que han encontrado al compañero perfecto y perros que han pasado de una situación horrible a vivir como auténticos marqueses.
Pero también hemos conocido situaciones que, sinceramente, parecen sacadas de una película de Berlanga. Y algunas no tienen ninguna gracia.
Porque a veces, escuchando a los propietarios, uno se pregunta: ¿quién demonios pensó que aquel perro era adecuado para aquella familia?
Caso 1. Una señora mayor y un border collie. ¿Pero dónde cabe eso?
Una señora mayor que quería adoptar un perro. No quería escalar el Everest. Ni correr una maratón. Ni montar una escuela de agility en el jardín.
Quería compañía. Un compañero con quien pasear tranquilamente, compartir el sofá y disfrutar de la vida.
¿Y qué perro le entregaron? ¡Un border collie! Por Dios bendito.
Que nadie se enfade conmigo, que los border collies me parecen maravillosos. Son inteligentes, sensibles, extraordinarios. Pero muchos necesitan mucha actividad, estimulación mental, educación y una vida que responda a sus necesidades.
No basta con tres paseítos alrededor de la manzana y un ratito viendo La ruleta de la suerte.
Y aquella señora no buscaba un perro con el que organizar las Olimpiadas Caninas. Buscaba compañía. ¿Nadie se paró a pensar si aquel perro concreto encajaba con lo que ella podía ofrecerle?
Y no es la única. Ya os conté la historia de otra señora a la que le dieron un braco de Weimar joven, un perro con una energía brutal, y que la traía por la calle de la amargura. La pobre no sabía ni por dónde empezar.
Porque ojo, que aquí hay algo importante: no se trata de la edad. Conocemos personas de ochenta años con más energía que algunas de cuarenta. Y también existen border collies adultos muy tranquilos que pueden ser compañeros estupendos para una persona mayor.
El problema era aquel perro concreto y aquellas circunstancias concretas. La falta de compatibilidad. Y eso, en una adopción, debería ser una de las primeras cosas que se valoran.
Caso 2. Querían un golden tranquilo… y les llegó un torbellino con motor de Fórmula 1
Una familia con hijos quería adoptar un perro tranquilo. Algo parecido a un golden retriever o un labrador. Un perro para compartir paseos, juegos, tardes en familia, sofá y vacaciones.
Nada extraordinario. Querían un compañero que encajara con su estilo de vida. Y así lo explicaron.
¿Y qué les entregaron? ¡Un pedazo de perro cruzado con malinois!
Que conste que los malinois son perros extraordinarios. Inteligentes, trabajadores, leales y capaces de hacer cosas increíbles. Pero muchos tienen una intensidad que, si pudiéramos enchufarlos a la red eléctrica, nos solucionarían la factura de la luz de media España.
Y aquel perro, concretamente, no paraba quieto. Ni un segundo.
Pero eso no era lo peor. Lo realmente preocupante era que, según nos contó la familia, el perro reaccionaba agresivamente contra la madre cuando esta regañaba a sus hijos.
Imaginad la situación. Una madre intentando poner límites a sus niños. Y teniendo que preocuparse también por cómo reaccionaría el perro.
Aquello ya no era una cuestión de que el animal necesitara correr más. Era un problema serio de convivencia y seguridad, que necesitaba evaluación y ayuda profesional.
Y yo me pregunto: ¿alguien había valorado realmente el carácter de aquel perro antes de entregárselo a esa familia? ¿Alguien había escuchado lo que necesitaban? ¿Alguien les había explicado los posibles problemas?
Porque no estamos hablando de pedir un coche familiar y que te entreguen un deportivo. Estamos hablando de seres vivos. Y de niños.
Y no, el problema no era que el perro tuviera sangre de malinois. Los comportamientos no se pueden predecir únicamente por la raza o el cruce. El problema era que aquel animal, tal como se estaba comportando, no encajaba con la convivencia tranquila y segura que buscaba aquella familia.
Y podríamos seguir contando historias…
Porque estas no son las únicas situaciones que hemos conocido. Ni mucho menos.
Hemos escuchado bastantes historias de familias desbordadas, personas que no podían atender las necesidades del animal y perros que habían acabado en hogares poco adecuados para ellos.
Y lo triste es que muchas veces ni el perro ni la familia habían hecho nada malo. Simplemente, no eran compatibles. O necesitaban una preparación y un acompañamiento que nadie había previsto.
A veces la pregunta no es si alguien quería mucho al perro. La pregunta es si alguien había pensado de verdad en cómo iban a vivir juntos.
Un detalle que casi nadie sabe: muchas devoluciones llegan en las primeras semanas, justo cuando el perro empieza a sentirse seguro y a enseñar cómo es de verdad. Es lo que explica la regla del 7-7-7 (7 días, 7 semanas, 7 meses). Os lo conté aquí: La regla del 7-7-7 en perros adoptados.
Adoptar no es llevarte al perro que más pena te da
Hay algo que entiendo perfectamente. Ves una fotografía de un perro abandonado. Lees su historia. Que lleva dos años esperando. Que nadie pregunta por él. Que lo encontraron atado a un árbol. Que tiene una mirada que te rompe el alma.
Y piensas: «Me lo llevo. Yo lo salvo».
Y esa reacción habla muy bien de tu corazón. Pero no siempre de tu capacidad para cuidar de ese perro concreto.
Porque quizá necesita una casa tranquila y tienes tres niños pequeños. O necesita muchísimo ejercicio y tú pasas doce horas fuera de casa. O tiene miedo de otros perros y tú ya tienes dos. O necesita una persona experimentada que pueda ayudarlo con sus dificultades. Y tú, con toda la buena voluntad del mundo, no puedes ofrecerle eso.
¿Significa que eres una mala persona? No. Significa que ese perro quizá no es el adecuado para ti.
Y aquí viene algo que deberíamos aprender todos:
Aunque te hayas enamorado. Aunque te dé muchísima pena. Aunque se te rompa un poquito el corazón.
Porque no se trata de satisfacer nuestra necesidad de salvar a alguien. Se trata de garantizar, en la medida de lo posible, que ese animal tenga una buena vida.
¿Y qué pasa con las protectoras?
Aquí quiero ser especialmente cuidadoso. Porque conocemos el enorme trabajo que hacen tantas personas dedicadas a rescatar animales. Y también sabemos que no lo tienen fácil.
Que los refugios están llenos. Que los recursos son limitados. Que muchas veces hay urgencias. Y que el comportamiento de un perro en una protectora no siempre refleja cómo se comportará después en una casa.
Por eso nadie puede garantizar al cien por cien que una adopción vaya a funcionar. Pero precisamente por eso es tan importante hacer las cosas bien. Eso es, para mí, una adopción responsable:
Conocer al perro. Escuchar a la familia. Explicar las dificultades conocidas. Organizar encuentros. Valorar la convivencia con niños, otros animales y las circunstancias de cada hogar. Y ofrecer seguimiento cuando haga falta.
Porque una adopción no termina cuando el perro sale por la puerta del refugio. Empieza ahí.
Y también tenemos que reconocer algo: no siempre que una adopción sale mal significa que la protectora actuara mal. A veces aparecen problemas que nadie podía prever. A veces cambian las circunstancias. Y a veces el propio adoptante no fue completamente sincero sobre su disponibilidad o su experiencia.
Pero cuando existen incompatibilidades claras, conocidas o previsibles, ignorarlas no beneficia a nadie.
Y nosotros, los adoptantes, tampoco somos inocentes
Porque es muy fácil señalar a las protectoras. Pero los futuros propietarios también tenemos una enorme responsabilidad.
Hay que ser sinceros. Con ellos. Y con nosotros mismos.
No podemos decir que tenemos cuatro horas diarias para pasear si sabemos que apenas tenemos veinte minutos. No podemos asegurar que tenemos experiencia con perros difíciles si jamás hemos convivido con uno. No podemos elegir un perro únicamente por su aspecto.
Ni pensar que, porque un golden tenga fama de tranquilo, todos los golden son tranquilos. Ni que, porque un malinois sea muy activo, todos sean incompatibles con una familia.
Los perros no vienen con manual de instrucciones ni con el carácter garantizado por su raza.
Cada perro es un individuo. Con su genética, su historia, sus experiencias y sus necesidades. Y nosotros tenemos la obligación de conocerlas lo mejor posible antes de decir «sí, quiero». No después, cuando el perro ya se ha comido el sofá, los niños tienen miedo y nadie en casa duerme tranquilo.
5 preguntas que deberías hacer (y hacerte) antes de adoptar un perro
No son un examen. Son las preguntas que, en muchas de las historias que hemos escuchado, nadie se hizo a tiempo.
- ¿Cuánto tiempo real tengo cada día? No el que me gustaría tener. El que tengo un martes de noviembre, lloviendo y cansado.
- ¿Qué sabe la protectora de este perro en concreto? Cómo reacciona con niños, con otros perros, con gatos, cuando se queda solo, cuando le quitas algo. Pregunta todo. Y escucha las respuestas aunque no te gusten.
- ¿Cómo es mi casa, de verdad? Niños pequeños, otros animales, un piso sin ascensor, vecinos sensibles al ruido, horarios imposibles…
- ¿Qué haré si aparecen problemas? ¿Tengo un educador o etólogo de confianza? ¿Puedo pagarlo? ¿La protectora ofrece seguimiento?
- ¿Por qué quiero a este perro y no a otro? Si la única respuesta es «porque me dio mucha pena», quizá conviene darse una semana más.
Seis preguntas. Contesta con la verdad, no con la versión que pondrías en el formulario de la protectora.
Este test es orientativo y está hecho con cariño y algo de humor. No sustituye a la entrevista con la protectora ni al criterio de un profesional. Lo importante es el perro concreto, no la categoría.
Entonces, ¿todas las personas deberían poder adoptar cualquier perro?
Mi respuesta, después de todos los perros que han pasado por esta casa, es no. Y lo digo con todo el cariño del mundo.
No porque haya personas que no merezcan un perro. Sino porque cada perro merece a la persona adecuada. Y cada persona merece un perro con el que pueda ser feliz, no uno que le quite el sueño.
Casi cualquier perro puede ser un buen perro si tiene al lado a alguien tranquilo, constante y preparado para lo que ese perro necesita. Lo difícil no es querer. Querer, quiere todo el mundo. Lo difícil es acertar con la pareja.
Y para acertar hacen falta tres cosas: protectoras que se tomen el tiempo de conocer al perro y escuchar a la familia, adoptantes que sean sinceros consigo mismos, y un poco menos de prisa por todas partes.
Porque cuando una adopción sale mal, quien paga casi siempre es el mismo. Y no es la protectora. Ni la familia. Es el perro, que vuelve a la jaula sin entender qué ha hecho mal.
Y no ha hecho nada mal.
Ahora os toca a vosotros.
¿Habéis vivido una adopción que no encajaba? ¿Cómo acabó? ¿Y una que salió tan bien que parecía escrita? Contádnoslo en Instagram o Facebook: prometo leerlas todas. Y, de paso, cada comentario cuenta para el sorteo del mes (lo tenéis al final del post).
Preguntas frecuentes
¿Cualquier persona puede adoptar cualquier perro?
Poder, en muchos casos, sí. Que sea buena idea, no siempre. Cada perro tiene unas necesidades de ejercicio, educación, compañía y convivencia, y no todos los hogares pueden cubrirlas. Una buena adopción busca la compatibilidad entre ese perro concreto y esa familia concreta.
¿Una persona mayor puede adoptar un perro?
Por supuesto. La edad por sí sola no es el problema. Muchas personas mayores son compañeros ideales para un perro adulto o sénior tranquilo, que además suelen ser los que más tiempo esperan en las protectoras. El problema aparece cuando se entrega un perro joven y de mucha energía a alguien que no puede darle lo que necesita.
¿La raza determina el carácter de un perro?
Influye, pero no lo decide todo. Hay border collies tranquilos y golden retrievers incansables. La genética, la historia del perro, su socialización y su entorno pesan tanto o más que la raza. Por eso hay que conocer al individuo, no solo la etiqueta.
¿Qué debo preguntar a la protectora antes de adoptar?
Cómo se comporta el perro con niños, con otros perros y con gatos; cómo lleva quedarse solo; si tiene miedos, protección de recursos o reactividad; cuánta actividad necesita; y si la protectora ofrece seguimiento después de la adopción. Cuanto más preguntes, menos sorpresas.
¿Es normal que un perro adoptado cambie de comportamiento al cabo de unas semanas?
Sí. Durante los primeros días muchos perros están cohibidos, y su personalidad real empieza a aparecer al cabo de unas semanas, cuando se sienten seguros. Es lo que describe la regla del 7-7-7. Si aparecen problemas serios, lo mejor es pedir ayuda profesional cuanto antes.
¿Qué hago si la adopción no está funcionando?
Primero, pedir ayuda a un educador canino o etólogo y hablar con la protectora, que conoce al perro. Muchas situaciones tienen solución con pautas y tiempo. Si después de intentarlo de verdad la convivencia no es posible o no es segura, lo responsable es buscar una salida coordinada con la protectora, nunca abandonarlo.
¿Puedo venir a Mas Torrencito con mi perro recién adoptado?
Claro. Os recomendamos esperar a que haya pasado esa primera fase de descompresión, para que el viaje no sea un estrés más. Cuando estéis listos, aquí tenéis espacio, campo y una casa acostumbrada a perros de todo tipo.
Pasados los primeros días de nervios, llega el momento de compartir cosas nuevas. Y pocas cosas unen tanto como una escapada en la que tu perro no tiene que quedarse en el coche ni en la habitación.
En Mas Torrencito, una masía del siglo XV en pleno Empordà, los perros entran en el comedor, se bañan en la piscina, corren por el campo y duermen contigo. Llevamos desde 2005 recibiendo perros de todos los tamaños, edades e historias. También los que acaban de estrenar familia.
¿Y tú qué opinas? ¿Cualquier perro para cualquier persona?
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