🐶 ¿Quién es más fiel, el perro o el gato? 🐱 La ciencia responde (y mis 20 años con ambos también)
O cómo perder de golpe a la mitad de tus lectores antes del desayuno. 😂
Hay preguntas que dividen familias, grupos de WhatsApp y cenas de Navidad. ¿Tortilla con cebolla o sin cebolla? ¿Playa o montaña? Y la madre de todas: ¿quién es más fiel a su humano, el perro o el gato?
Ya os aviso de que esto no lo escribe un observador neutral. Lo escribe alguien que lleva más de veinte años rodeado de perros en una masía del siglo XV en el Empordà… pero que también ha compartido casa con gatos, y con gatos de los de verdad. Así que voy a intentar ser justo. Intentar. 😅
Gatos en Mas Torrencito: del transportín al arnés
Aunque esto es una casa pensada para perros, aquí también han venido clientes con gatos. Y hay de todo.
Están los prudentes, que llegan con su gato en la jaulita, lo suben a la habitación y allí se queda, tan feliz, mirando el jardín desde la ventana como un pequeño marqués.
Y luego están los osados. Los que le ponen un arnés al gato y lo sacan a pasear por la finca. Bajo su responsabilidad, que conste. Porque cada vez que lo he visto, a mí me ha dado un microinfarto.
Por suerte, nunca ha pasado nada. Supongo que los astros se pusieron de nuestro lado esos días y no apareció ningún perrito con manía a los gatos. Que haberlos, los hay. Os lo aseguro.

Bandido y Martina: veinte años con gato en casa
Que nadie piense que hablo de oídas. En Mas Torrencito siempre hemos tenido gato, desde hace veinte años.
Primero fue Bandido. Un supergato negro de 12 kilos. Inmenso, majestuoso, una panterita. Cruzaba el jardín con una dignidad que ya quisieran muchos alcaldes, y los perros de la casa sabían perfectamente quién mandaba en ciertos rincones.
Después llegó Martina. Más buena y más mala a la vez… ¡jajajaja! Cómo puteaba a sus hermanos perrunos, madre mía. Les robaba el sitio, les provocaba, les pasaba por delante con la cola en alto. Y ellos, con una paciencia infinita, nunca le hicieron nada.
Hasta aquel día de la pandemia en que se fue a jugar al bosque…
Así que sí: he querido a mis gatos. Y sé que ellos, a su manera, también me quisieron.
El perro te quiere… incluso cuando eres un desastre
O eso parece. El perro es ese amigo que no lleva la cuenta. Llegas tarde, sin peinar, de mal humor y oliendo a lejía de la lavandería, y te recibe como si volvieras de una expedición al Himalaya. Aunque solo hayas ido a tirar la basura.
Te sigue al baño. Te sigue a la cocina. Te sigue al despacho y se tumba en tus pies mientras haces facturas. No te juzga por el sofá, ni por la siesta, ni por esa canción que cantas fatal.
Aquí lo vemos cada día. Clientes que en su casa dicen que su perro «es muy independiente», y que en cuanto el humano se levanta de la mesa del desayuno, el perro ya está de pie, mirando la puerta, por si acaso.
El gato también te quiere… a su manera
El gato tiene peor prensa, y en parte es culpa suya. No sale a recibirte con fanfarria. Te mira desde el sofá, parpadea despacio y sigue a lo suyo.
Pero quien ha vivido con gatos sabe que eso no es indiferencia. Hay gatos que siguen a sus humanos de habitación en habitación, que duermen pegados a ellos, que les esperan en la ventana y que buscan su regazo cuando algo les asusta. Ese parpadeo lento, por cierto, es una de sus formas de decir «confío en ti».
El gato te quiere. Lo que pasa es que no necesita demostrártelo cada cinco minutos.

¿Qué dice la ciencia?
En 2019, un equipo de la Universidad Estatal de Oregón (Kristyn Vitale, Alexandra Behnke y Monique Udell) quiso comprobar si los gatos se apegan a sus humanos. Usaron una prueba clásica de la psicología infantil: el humano y el animal entran juntos en una sala desconocida, el humano se va dos minutos y luego vuelve. Lo interesante es cómo reacciona el animal en el reencuentro.
Los resultados sorprendieron a mucha gente:
| Quién | Apego seguro |
|---|---|
| Gatitos (70 analizados) | 64,3 % |
| Gatos adultos (38 analizados) | 65,8 % |
| Bebés humanos (estudios previos) | 65 % |
| Perros (estudios previos) | 58 % |
Es decir: los gatos mostraron un apego muy parecido al que se ha medido en perros y en bebés. Ojo, porque son estudios distintos, con animales y muestras distintas, así que estas cifras no sirven para proclamar un ganador. Un gato con apego seguro se calma cuando vuelve su humano, le saluda y sigue explorando tan tranquilo. Lo mismo que hace un niño seguro.
Por otro lado, hay muchísima investigación que demuestra que los perros usan a sus humanos como «base segura»: exploran más y se estresan menos cuando su persona está cerca.
¿Conclusión científica? Empate técnico. Ningún estudio demuestra que una especie sea, en general, más fiel que la otra. Lo que sí demuestran es que dentro de cada especie hay de todo, igual que entre los humanos. Y un matiz importante: el apego seguro no mide la fidelidad ni cuánto te quiere un animal. Mide si te usa como refugio cuando algo le inquieta. Que es mucho, pero no es lo mismo.
Fuente: Vitale, Behnke y Udell (2019), Attachment bonds between domestic cats and humans, Current Biology (enlace al estudio).
¿Fidelidad o dependencia?
Aquí está la gran pregunta filosófica, la que de verdad me quita el sueño a las cinco de la mañana.
Que un perro te siga por toda la casa no significa automáticamente que te quiera más. A veces significa que tiene miedo de quedarse solo. Que lo digan las puertas, los sofás y el cristal del bar que se ha comido alguna de las nuestras… Eso no es amor desbordado: es angustia.
Y que un gato se quede dormido mientras sales de casa no significa que le importes menos. Significa que confía en que vas a volver.
Quizá deberíamos dejar de medir la fidelidad por los metros que nos siguen y empezar a medirla por otra cosa: por a quién eligen cuando pueden elegir.
¿Tu perro te quiere a ti… o quiere la vida que le das?
Y aquí es donde Mas Torrencito tiene algo que contar que no sale en ningún estudio.
Don Markos, Mastín Tirurí y Marcelino no nacieron aquí. Tenían sus casas, sus familias y hasta otros nombres. Don Markos, sin ir más lejos, era del vecino de arriba. Y sin embargo, uno tras otro, empezaron a aparecer por la masía. Los devolvíamos. Volvían. Los devolvíamos otra vez. Y volvían otra vez.
Hasta que un día sus dueños y nosotros nos sentamos a hablar como personas civilizadas y llegamos a un acuerdo: se quedaban. Ellos ya habían decidido; solo faltaba que los humanos lo firmáramos.
Don Markos acabó siendo el que acompañaba a los clientes al río y vigilaba que nadie se quedara atrás. Tirurí, el más noble de todos, se escapó de su casa para venirse a vivir con nosotros… y se nos fue con solo cinco años. Masto, desde entonces, ya no juega con otros perros.
Entonces, ¿eran infieles a sus primeras familias? ¿O simplemente eligieron? ¿Puede un animal querer a alguien y, aun así, preferir vivir con otra persona? A mí me parece que sí. Y me parece que eso, lejos de ser traición, es una forma muy honesta de amor.
¿Y si la mayor demostración de amor de un animal no es quedarse contigo… sino elegirte cuando podría irse? ❤️🐾
(Os contaré la historia de cada uno, y de dónde salieron sus nombres, en una serie de posts que viene muy pronto.)
Test: ¿traerías a tu gato a Mas Torrencito un fin de semana?
Aquí va una pregunta con más miga de lo que parece. Hay quien piensa que un gato puede quedarse un par de días solo en casa con comida, agua y arenero, y que no necesita mucho más… o eso creemos. 😂 Spoiler: los gatos también necesitan que alguien los vigile y les haga compañía. Haz el test y descubre si tu gato es de escapada rural o de sofá.
🐱 ¿Traerías a tu gato a Mas Torrencito?
Un test divertido… y responsable. Siete preguntas, sin trampas. 😼
Mi veredicto (sin ninguna objetividad)
He convivido con gatos y con perros. He querido a Bandido y a Martina. Pero he vivido cosas con Manuela, Don Markos, Tirurí, Masto, Mamas y compañía que me hacen inclinarme, claramente, hacia un lado. No como verdad científica, sino como experiencia de veinte años.
Quizá el perro nos enseña lo que significa estar siempre. Y el gato nos enseña que se puede querer a alguien sin necesidad de estar encima de él.
Pero si me preguntáis a mí… ¡¡¡YO ME QUEDO CON LOS PERROS!!! 😂🐾
Y ahora, a mojaros: ¿quién es más fiel?
- 🐶 El perro. Su fidelidad es incomparable.
- 🐱 El gato. Quiere tanto como un perro, a su manera.
- ❤️ Los dos. La fidelidad no depende de la especie.
- 😂 El que tenga el plato de comida más lleno.
Os leo en los comentarios. Y una última provocación para que discutáis a gusto:
Dicen que el perro tiene amo y el gato tiene servicio doméstico. ¿Será verdad… o llevamos toda la vida entendiendo mal a los gatos? 😂
Y ya que estamos: ¿tu perro o tu gato te eligió a ti… o fuiste tú quien lo eligió a él? Contádnoslo en los comentarios. 🐾
Preguntas frecuentes
Según la ciencia, ninguno gana por goleada. En las pruebas de apego, alrededor del 65 % de los gatos muestran un vínculo seguro con su humano, una cifra parecida a la medida en perros y en bebés en otros estudios. Eso sí, el apego no mide la fidelidad: lo que de verdad cambia entre unos y otros es cómo lo demuestran.
Sí. El estudio de la Universidad Estatal de Oregón (2019) demostró que la mayoría de los gatos usan a su humano como base segura: se calman cuando vuelve y siguen explorando tranquilos. Que no te reciban con fiesta no significa que no te echen de menos.
Porque eres su referencia y su fuente de seguridad. A veces es puro cariño y a veces es inseguridad o miedo a quedarse solo. Lo contamos con más detalle en ¿Por qué mi perro me sigue al baño?.
Menos de lo que solemos pensar. Aunque sean más independientes que los perros, un gato no debería pasar días sin nadie: necesita que alguien pase a verle al menos una vez al día para cambiarle el agua, ponerle comida, limpiar el arenero, comprobar que está bien y hacerle un poco de compañía. Un cuenco volcado o un gato que se pone malo no pueden esperar al lunes.
Puedes, pero piénsalo bien. Aquí han venido clientes con gatos y nunca ha pasado nada, pero lo sensato es que el gato tenga su habitación con su arenero y su comida, y que no ande suelto por el jardín. Si tu gato se estresa con los viajes o nunca ha visto un perro, seguramente esté más feliz en su sofá. Haz el test de este post y sal de dudas.
Claro que sí. Bandido y Martina convivieron durante años con nuestros perros, y Martina les hacía la vida imposible sin que ellos le tocaran un pelo. La clave es que se conozcan poco a poco y que el gato siempre tenga un sitio alto o una salida donde refugiarse.
En Mas Torrencito lo hemos vivido tres veces. Don Markos, Tirurí y Marcelino tenían sus casas y volvían aquí una y otra vez, hasta que sus familias y nosotros acordamos que se quedaran. ¿Amor, conveniencia o las dos cosas? Os lo dejamos para debatir en los comentarios.
Mas Torrencito — Parets d’Empordà, Girona. La primera casa rural para mascotas que acepta personas.






