Sección: Rosas y Cardos
La otra noche cenamos con Albert y su gente en un restaurante petfriendly de la zona —si no lo fuera, ya sabéis que ni nos sentaríamos. Esa noche íbamos sin perros, pero en la mesa de al lado había tres: un husky, un labrador y un galgo, los tres tumbados tranquilísimos debajo de la mesa. Yo, que convivo con tres en casa, ni me había dado cuenta hasta que los vi al levantarme.
Mientras tanto, del comedor de al lado llegaba un volumen creciente de voces, sillas arrastradas y carreras. Albert me miró con esa cara de «ya estamos» y soltó la frase del año: «Chico… es lo que hay.»
Y tenía razón. Pero no por lo que él pensaba.
El falso debate
Cuando alguien dice «es que hay perros en los restaurantes» o «es que hay niños sin control», en realidad está describiendo dos cosas muy distintas con la misma frase. Porque lo que de verdad arruina una comida no es la especie ni la edad de quien la protagoniza: es si hay alguien al mando o no.

Tres perros grandes —husky, labrador, galgo, no es precisamente el trío más discreto del mundo sobre el papel— pueden estar una hora entera bajo una mesa sin que el vecino se entere. ¿Por qué? Porque alguien les ha enseñado a estar ahí, y ese alguien está pendiente. (Y sí, esto vale igual para razas PPP — aquí contamos la historia de Acnur, un American Stafford que demuestra que lo que importa nunca es la raza, sino el perro y quien lo lleva).
Y al revés: no hace falta ni un perro para que una comida se convierta en una carrera de obstáculos. Basta con que quien tiene que estar pendiente… no lo esté. Todos hemos visto esa escena alguna vez: el móvil en una mano, la copa en la otra, y de fondo el sonido de sillas cayendo. No hace falta señalar a nadie, todos sabemos de qué hablo.
La conclusión incómoda (para todos)
No es «perros sí, niños no» ni al revés. Es que la convivencia en un espacio compartido —ya sea un restaurante, un avión o una sala de espera— depende de quien tiene la responsabilidad de gestionar. Un perro sin dueño presente sería un caos. Un niño sin nadie pendiente, también. La variable que cambia las cosas nunca es el protagonista, es quien lo acompaña.
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Lo que hacemos en Mas Torrencito
En Mas Torrencito, después de 20 años, lo que más esperamos de cualquier huésped —con perro o sin él— es que sepa estar. No tenemos un manual de 10 normas pegado en la puerta ni vigilamos con cronómetro. Confiamos en que la gente sabe comportarse, y la verdad es que en el 95% de los casos así es: todo fluye solo, sin que nadie tenga que decir nada.
Esto no es casualidad ni suerte: cada vez hay más perros conviviendo en espacios compartidos (en España ya hay más perros que niños menores de 10 años, como analizamos en este post sobre el boom canino), así que la convivencia bien gestionada deja de ser una anécdota y se convierte en la norma.
Pero el otro 5%… ahí está la parte que no se ve en redes. Cuando hay que acercarse a alguien y decirle, con la mejor educación del mundo, que su perro no puede estar haciendo tal cosa, o que hay que bajar un poco el volumen porque hay otros huéspedes descansando… no os voy a engañar: es de las cosas que más me incomodan de este trabajo. Da igual que sea un perro o un peque corriendo entre las mesas del desayuno — el toque de atención nunca es agradable, ni para quien lo da ni para quien lo recibe.
Pero forma parte de cuidar el espacio para todos. Y normalmente, con una sonrisa y dos frases, se soluciona en el momento.
Preguntas frecuentes
Sí. Somos petfriendly desde 2005, mucho antes de que la palabra existiera en el sector turístico español, pero eso no significa «solo para perros sin niños» — significa que en nuestra casa caben todas las familias, con o sin patas de más.
Lo normal es que, con un poco de tiempo para adaptarse al entorno, todo fluya. Si vemos que algo se nos puede ir de las manos, preferimos comentarlo con calma antes de que se convierta en un problema para el resto de huéspedes. No hay sanciones ni dramas, solo gestión.
Sí, aceptamos todas las razas, sin excepción y sin límite de perros por habitación. Aplicamos un suplemento de 6€/noche por perro, independientemente de su tamaño o raza. Si quieres leer más sobre esto, aquí contamos por qué la raza nunca es el problema.
Habla con nosotros directamente. Preferimos mil veces que nos lo digas a que te aguantes la cena en silencio — para eso estamos.
Porque nos hace gracia comprobar si lo que pensamos coincide con lo que piensa la comunidad… y porque, sinceramente, creemos que la respuesta «depende de quién esté al mando» va a ganar por goleada. 😄
Y ahora la pregunta del millón
¿Qué te molesta más en un restaurante: un perro maleducado o un «peque» sin freno? ¿O, como nosotros, crees que la pregunta está mal planteada desde el principio?
Cuéntanos tu última «batalla campal» en un restaurante en los comentarios — seguro que entre todos hacemos una recopilación digna de spin-off. 🐶👶






