No sé ni por dónde empezar. Lo de Eurovisión este año ha sido algo más que una decepción musical. Ha sido un espejo sucio, roto, de lo que somos como sociedad. No me molesta que España quede en el puesto 24. Francamente, me da igual si vamos con una copla, con electrónica o con un himno punk. Pero que Israel haya quedado segunda, eso sí me quema. Me remueve por dentro. Me indigna.

Y no, no es por la cantante. Que quede claro: esto no va contra una persona, sino contra lo que representa, contra el contexto que se ha barrido debajo de la alfombra con purpurina y focos de colores. Hablamos de un país que está siendo acusado de crímenes de guerra, de masacres, de una limpieza brutal en Gaza, y que, sin embargo, es premiado y aplaudido en prime time.
Y entonces me hago una pregunta que nadie parece querer responder:
¿Por qué Israel participa en Eurovisión y Palestina no?
No es una cuestión de geografía —porque Eurovisión ha incluido a Australia. No es una cuestión de música —porque talento hay en cada rincón del mundo.
Es una cuestión de poder. De quién tiene voz y quién no. De quién tiene medios, protección, narrativa internacional. Y quién solo tiene escombros, cadáveres y silencio.
Mientras tanto, nosotros, como espectadores, nos tragamos el show, votamos, opinamos, nos emocionamos… y seguimos alimentando un circo donde lo político se maquilla de cultura y lo ético se sacrifica en nombre del espectáculo.
Y aún hay quien se sorprende de que estemos anestesiados, de que nos manipulen como quieren.
El caso de España es lo de menos. ¿Que Portugal nos da solo seis puntos? ¿Que una propuesta como la de Nebulossa apenas rasca votos? Ya ni sorprende. No es solo una cuestión de gustos o vecindades. Es que todo esto huele a cálculo, a cuotas, a intereses cruzados. Es un tablero en el que la música es solo una excusa para colocar fichas.
Pero lo peor no es el puesto. Lo peor es lo que revela: que el dolor de unos vale menos que el show de otros. Que la memoria es frágil si hay espectáculo. Que la coherencia ética se ahoga en aplausos huecos.
Y luego nos preguntamos por qué la gente desconfía de todo. Por qué crecen el cinismo, la rabia y la desafección.
Lo de Eurovisión este año no fue solo una gala. Fue una lección brutal de lo que somos capaces de aplaudir cuando decidimos mirar hacia otro lado.
Y mientras tanto, yo…
yo me quedo en mi pedazo de paraíso, aquí con mis perritos, respirando hondo, intentando que no me hierva la sangre con tanta injusticia, corrupción y depravación del ser humano. Intentando que la paz que me rodea no se vea invadida por un mundo que, francamente, parece haber perdido el juicio.
Desde MasTorrencito te deseamos un buen día y que tus perros te acompañen!!!!
Si quieres, puede ver nuestros bonos para fines de semana, bonos jubilados , a un precio increíble.. entra en www.mastorrencito.com o si quieres podéis leer más historia y anécdotas que nos han pasado en MasTorrencito… Clickea aqui… https://mastorrencito.com/




