Hay historias que uno escribe.
Y hay historias que ojalá no existieran.
Esta es una de esas.
Es una carta imaginaria…
pero podría ser perfectamente real.
Porque cada Navidad miles de cachorros llegan a casa como un regalo emocionante, envuelto en ilusión, fotos y promesas.
Y apenas unos meses después…
algunos de esos perros se convierten en un problema que nadie quiere asumir.
Esta es la carta que podría llegar cualquier día a Mas Torrencito.
La carta de una niña que solo quiere una cosa.
Que su perro no sea abandonado.

La carta que llegó a Mas Torrencito
Hola Miguel,
No sé muy bien cómo empezar esta carta.
Mi madre dice que cuando escribes a alguien que no conoces tienes que empezar diciendo hola y tu nombre.
Yo me llamo Lucía y tengo 9 años.
Te escribo porque creo que tú quieres mucho a los perros.
Lo he visto en internet cuando he buscado en Google lugares donde los perros son felices.
Y salía Mas Torrencito.
Yo no he estado nunca allí, pero en las fotos salen muchos perros corriendo por el campo y parece que nadie les grita ni les regaña por ser perros.
Por eso te escribo.
Estas Navidades pasadas mis padres me regalaron un perrito blanco.
Fue el mejor día de mi vida.
Yo llevaba mucho tiempo pidiendo un perro, pero siempre me decían que no.
Hasta que la mañana de Reyes abrí una caja grande con agujeros…
y dentro estaba él.
Era pequeñito, con los ojos negros y la nariz rosita.
Yo pensé que era un peluche.
Pero se movió.
Y entonces lloré.
Le puse de nombre Copito porque parecía una bolita de nieve.
Ese día prometí que lo iba a cuidar siempre.
Dormía conmigo en la cama.
Jugábamos con una pelota en el pasillo.
A veces se escondía debajo del sofá y yo fingía que no lo veía para que él pensara que había ganado.
Yo le contaba cosas al oído.
Cosas que no le cuento a nadie.
Pero hace unos días todo empezó a cambiar.
Mi padre empezó a decir que tener un perro es mucho trabajo.
Que hay que sacarlo a la calle.
Que ensucia.
Que ladra cuando suena el timbre.
Que no puede quedarse solo tantas horas.
Mi madre dice que no sabían que era así.
Pero yo no entiendo eso.
Porque yo sí sabía que era así.
Es un perro.
Los perros hacen cosas de perro.
Hoy he escuchado algo que me ha hecho mucho daño.
Mis padres estaban hablando en la cocina y pensaban que yo no estaba escuchando.
Mi padre dijo:
“Tenemos que llevarlo a algún sitio… no podemos seguir así.”
Yo me quedé quieta en el pasillo.
Copito estaba jugando con una cuerda en el suelo.
No sabe nada.
No sabe que están hablando de él.
No sabe que quizás ya no vivirá aquí.
Esta noche he buscado en internet lugares donde los perros puedan estar bien.
Y encontré Mas Torrencito.
He visto fotos de perros durmiendo en camas, corriendo por el campo y mirando a la gente con cara feliz.
Por eso te escribo.
No sé si podrás ayudarme.
Pero si mis padres deciden llevarse a Copito…
¿podría vivir contigo?
Yo prometo que cuando sea mayor iré a visitarlo.
Y si no puedo visitarlo, al menos quiero saber que está en un sitio donde nadie se canse de él después de tres meses.
Copito es muy bueno.
Solo hace lo que hacen los perros.
Ser un perro.
Gracias por leer mi carta.
Lucía
9 años
Los perros no son un regalo de Navidad
Ojalá esta carta fuera solo una historia inventada.
Pero la realidad es que historias como esta se repiten cada año.
Perros regalados en Navidad.
Perros abandonados en primavera.
Durante unas semanas todo es ilusión:
el cachorro,
las fotos,
las risas,
los vídeos.
Pero después llega la vida real.
Sacarlo a pasear.
Educarlo.
Limpiar.
Dedicar tiempo.
Y entonces algunos descubren algo que deberían haber sabido desde el principio.
Que un perro no es un juguete.
Tener un perro es una decisión para muchos años
Un perro no llega a tu casa para tres meses.
Ni para la etapa en la que es un cachorro adorable.
Un perro llega para 10, 12 o incluso 15 años de vida juntos.
Para acompañarte cuando estás bien.
Y cuando estás mal.
Para recibirte cada día como si fueras la mejor persona del mundo.
Por eso antes de tener un perro hay que hacerse una pregunta muy sencilla.
No si te gustan los perros.
Sino si estás dispuesto a cuidarlo toda su vida.
En Mas Torrencito creemos que los perros son familia
En Mas Torrencito llevamos años recibiendo a personas que viajan con sus perros.
Personas que no entienden unas vacaciones sin ellos.
Personas que saben que un perro no se deja atrás.
Porque para muchos de nosotros los perros no son mascotas.
Son parte de la familia.
Y la familia…
no se abandona cuando se vuelve incómoda.
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Se quedan.





